Y tú… ¿porqué estás aquí?

Trans

“Ella” acarició mi cabello y me dijo: Quisiera parirte un hijo… pero no puedo. Lo que sí puedo y quiero hacer por ti es ser esa mujer con la que siempre soñaste… Y lo haré desde este minuto, lo haré con ganas, con todo mi cuerpo, durante el tiempo que pueda alimentar mi hechizo, mientras podamos mirarnos directamente a los ojos, con dulzura, deseo y sin arrepentimiento… Después seguramente te veré partir, y lloraré, y seguramente maldeciré no ser esa mujer… Pero ya seré parte de tu vida para siempre, y tú de la mía… Y uno no puede renegar de la vida, ¿no?… ¿O sí?

Esta es mi historia. ¿Cuál es la tuya?

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La opinión de “ct”

Por temas de mi trabajo a veces me tomo semanas sin revisar el movimiento ni las visitas de este modesto blog. Esto no habla bien de mí como administrador, pero lo que hago lo trato de realizar en forma seria, con cierto método y disciplina. En la medida que mi tiempo me lo permita.

Me queda claro que este blog no tiene el perfil para, ni la intención de, convertirse en algo masivo. Se trata más bien de hacer algo diferente, donde se planteen temas de opinión y que pueda servir de rincón de diálogo, de polémica, y hasta de investigación.

El breve preámbulo me sirve para contarles que hace unos días (el 7 de diciembre), recibí un comentario en uno de los hilos del blog que destaca por su franqueza, su riqueza de conceptos, y la cantidad de opiniones que contiene a partir de experiencia y vivencias propias y de primera mano.

Desconozco el nombre de su autora: firma como “ct”, pero es posible deducir que es una chica transexual en tratamiento hormonal, probablemente una latina (¿peruana?) que vive en España, ejerce la prostitución, y en algunos años planea someterse a cirugìa de reasignación sexual.

Transcribo su mensaje tal cual, al que le he hecho mínimos cambios (básicamente de puntuación).

¿Tienes comentarios, experiencias o puntos de vista similares o divergentes? ¿Porqué no compartirlos?

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Yo odio la palabra travesti. Transexual encaja más.

Me prostituyo por necesidad, porque no sé hacer otra cosa. Empecé siendo menor de edad. Ahora tengo 28 años.

En estos últimos 5 años se ha dado un cambio en la clientela: se vuelven maricones, quieren ser follados… Lo gracioso es que luego van de machos. Que no tienen nada que ver con el mundillo gay. Y son de lo peor por negar su realidad. Se buscan una novia para fingir.

Yo espero operarme a los 30 y dejar esto por lo menos en gran parte, ya que es agobiante soportar maricones que te tratan como a un hombre disfrazado. Te exigen que eyacules. Yo no puedo pues llevo 10 años tomando hormonas.

Todos quieren lechita. Todos quieren ser penetrados… Y quieren que les cobremos una miseria. Nuestros cuerpos sufren más la prostitución, ya que si somos penetradas no es muy sano hacerlo todos los días. Te hacen sentir como una cosa. Aunque me da risa que dejen su vida “normal” para meterse en este mundillo porque no están conformes con su vida “heterosexual”. Además, pagar por sexo es de persona desequilibrada.

Nosotras tenemos nuestros problemas, pero estos clientes son peores. Porque nosotras no jodemos a nadie. Son ellos quienes nos buscan. Tienen novia, esposa, hijos… y hacen sexo sin protección.

Hay que estar medio loco para pasarse el día viendo porno y anuncios de chicas, hasta que no pueden más y van a ver a una. Todos los días metidos viendo anuncios. ¡Joder! ¡Que hagan una vida normal ellos que pueden!

Espero poder llevar la vida de una chica normal luego que me opere, pues entiendo que tener pene genera rechazo. Un hombre quiere una vagina, no quiere un pene. ¡Quiere una vagina! Quiero poder usar ropa de chica sin preocuparme si se nota o no un bulto. Y dejar de sufrir con hombres que me tocan donde no quiero: clientes o cualquier otro.

Yo vivo en España. Aquí los hombres son muy hipócritas. Son bien maricones, pero negados. Y todos tienen novia o esposa. Algunos son más afeminados que un gay. Gimen como locas, se meten los dedos en el culo, te quieren apoyar su culo en los genitales. Se convierten en chicas. ¡Me dan asco! ¿Por qué no se ponen tetas y se dejan de joder? ¿O se buscan un novio que los penetre? ¿Por qué buscar a una persona femenina que toma hormonas y está cambiando de sexo? Es incoherente. Yo lo veo así. Buscan la figura femenina porque les causa menos trauma, aunque en el fondo quieren un hombre. Por eso buscan alguien con pene.

Yo cuando era adolescente no dejaba que nadie me tocara, pero fue llegar a España y tener que joderme.

A veces sufro por la soledad. No tener un hombre que me quiera. ¿Pero de qué serviría si ni a las mujeres las respetan? Ellos van por ahí chupando culos, vaginas, penes de travestis. Yo no quiero una relación así. Prefiero estar sola o con amigas. Las amigas son un gran apoyo. Cuando salgo ligo mucho, eso sí. Se me acercan muchos hombres.

No Soy Tu Chiste

Daniel Arzola es un artista venezolano y activista por la igualdad de derechos.

Ambos intereses los combina asombrosamente. Tal es el origen de su campaña social-plástica “No Soy Tu Chiste”, que ha recibido el apoyo de librepensadores de todo el mundo, incluyendo la cantante Madonna: “This art is not joke… I love this…”

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Daniel declara:

No existe en Venezuela la denominación “crimen de odio” aunque cada día muera gente por este y otros motivos… Muy pocos medios de comunicación dicen algo al respecto, mucha gente en el país aún desconoce estos casos. De momento, la televisión venezolana tiene comedias sexistas y telenovelas que dan un tono burlesco, poco humano y lleno de estereotipos sobre la población sexodiversa del país. Sentía que alguien debía pronunciarse y yo lo quise intentar.

La filosofía de Daniel y su campaña es clara y directa:

Soy distinto y tengo derecho a ser tratado igual. Creo que tenemos derecho a ser raros, a ser diferentes, pero la ley debe ser igual para cada individuo. La apariencia no define nuestra dignidad.

Daniel publica sus obras en su Facebook, de donde hemos tomado algunas muestras de su interesante trabajo, que vistos su contenido y resultados, no es de ningún modo un chiste.

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Terrorismo: Violencia y Homofobia

Han pasado casi 21 años desde que empezó la debacle de Sendero Luminoso (SL) con la captura de su líder Abimael Guzmán, y 20 años del encarcelamiento de Víctor Polay Campos, ideólogo y jefe máximo del Movimiento Revoluconario Túpac Amaru (MRTA). Ambos movimientos, revolucionarios en el papel, si bien divergentes en cuanto a la ideología, compartieron métodos de terror, asesinatos, discursos fanáticos. Ambos movimientos tuvieron en común un discurso de odio a las opciones de género (LGBT). Es curioso cómo los extremos se tocan: el punto de vista revolucionario “progresista” se da la mano con la opinión católica vigente. SL y MRTA llevaron su discurso a la práctica de acuerdo con sus métodos fanáticos y violentos.

“Víctimas de discriminación y abusos, unos 500 transexuales y homosexuales fueron asesinados por las guerrillas Sendero Luminoso y MRTA durante la guerra interna (1980-2000) en Perú”, declara el Movimiento Homosexual de Lima.

Será imposible confirmar nunca la cifra. El número no nos dice mucho, pero si identificamos con nombre y apellido a tales víctimas, nuestra visión indiferente y hasta cierto punto conformista o fatalista cambiará inevitablemente. Es necesario recordarlos para evitar que la sociedad incurra nuevamente en los mismos errores.

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En el Tomo II, páginas 432 y 433, del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (ver versión PDF en este link), se lee acerca del accionar del MRTA:

El 31 de mayo de 1989, un grupo de seis integrantes del MRTA ingresó violentamente al bar conocido como las ‘Gardenias’ en el Asentamiento Humano «9 de Abril» de la ciudad de Tarapoto, departamento de San Martín. Los subversivos aprehendieron a ocho ciudadanos a los que acusaron de delincuencia y colaboración con las Fuerzas Armadas y Policiales.

Las ocho personas, que eran travestis y parroquianos del bar, fueron asesinadas con disparos de armas de fuego. A los pocos días, el semanario «Cambio», órgano oficioso del MRTA, reivindicó la acción156 como una decisión del grupo subversivo debido a que las fuerzas del orden supuestamente amparaban «estas lacras sociales, que eran utilizadas para corromper a la juventud».

Los miembros del MRTA activos en la ciudad de Tarapoto hicieron similar apología de la masacre a través de mensajes en las radioemisoras locales. El semanario, al mismo tiempo, mencionaba un crimen similar ocurrido en febrero, cuando el MRTA ejecutó «a un joven «homo» muy conocido en Tarapoto». La Comisión de la Verdad y Reconciliación ha recibido un testimonio que corrobora este crimen y señala que el cuerpo de la víctima fue abandonado con un cartel que decía «Así mueren los maricones».

El semanario «Cambio» justificaba los hechos alegando que los subversivos habían condenado en febrero las actividades de «todo homosexual, drogadicto, ratero, prostituta» y les había instado a que «enmienden su vida», pero que las víctimas «olvidaron el ultimátum», por lo que el MRTA decidió demostrar «que no advierte en vano». Según esta justificación, los actos del MRTA se debían a que ninguna autoridad «hacía algo por evitar una negativa influencia en la población juvenil» y evitaban cumplir un supuesto deber de castigar a estas personas debido a su orientación sexual: «¿Por qué el MRTA tiene que castigar a delincuentes comunes si existe una Policía Nacional que tiene por misión velar por la seguridad ciudadana?».

El Movimiento Homosexual de Lima (MHOL) ha denunciado que crímenes similares ocurrieron en el departamento de Ucayali entre mayo y julio de 1990, cuando tres travestis fueron también asesinados por el MRTA. Ha señalado también que en 1992, los dirigentes del MHOL recibieron amenazas telefónicas de dicha organización subversiva.

Las ocho personas asesinadas en Tarapoto, de acuerdo a distintas fuentes, fueron César Marcelino Carvajal, Max Pérez Velásquez, Luis Mogollón, Alberto Chong Rojas, Rafael Gonzales, Carlos Piedra, Raúl Chumbe Rodríguez y Jhony Achuy159. En la época en que estos crímenes se cometieron, el mando regional del MRTA era Sístero García Torres, quien luego se acogería a la ley de arrepentimiento.

La comisión de estos condenables asesinatos, su reivindicación explícita por parte del MRTA y el hecho de que esta línea de acción de terror se mantuviera a lo largo de un lapso de tiempo considerable, permiten afirmar que el grupo armado en cuestión tenía una conducta intolerante, que buscaba legitimarse ante la población, estimulando los prejuicios sociales contra la homosexualidad; y que buscaba crear un sentimiento de zozobra entre las personas pertenecientes a minorías sexuales.

El informe no recoge testimonios acerca de la homofobia de SL, sin embargo su accionar en ese campo está documentado:

El 6 de agosto de 1986 Sendero Luminoso ejecutó a 10 “indeseables” homosexuales en Aucayacu. El 12 de septiembre de 1988 exterminaron a 8 “cabros, prostis y fumones” frente a periodistas en La Hoyada. Sendero también solían cortarle el pene a las travestis y gais antes de asesinarlas.

¿Se ha hecho justicia con estos crímenes? ¿La sociedad ha tenido la misma actitud de reparación como lo ha hecho con otras víctimas de esos años de terror?

La única persona reparada en el proceso post-CVR ha sido Fransua, muerta en manos del MRTA en el marco de su búsqueda sistemática de personas homosexuales para asesinarlas y demostrarle a la sociedad que podía exterminar a quienes consideraba “lacras sociales”.

1 sola víctima transgénero “reparada” de al menos 500 caídas por el mismo causal. La sociedad civil eligió olvidar a estas víctimas de esos años que vivimos en peligro. ¿Cuál es la lectura de esta nueva discriminación asolapada?

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José Montalvo y Manuel Herrera, del Colectivo Raíz Diversidad Sexual publicaron hace ya algunos años un más que interesante documento acerca de este tema “Crímenes de Homofobia en el Contexto de la Violencia Política en el Perú: 1980-2000”. La versión electrónica la encuentran en este link. La transcribimos al completo pues se corre el riesgo que en algún momento desaparezca, pues está alojado en el viejo servicio de Geocities:

El presente trabajo se inició a mediados de 2003 cuando Manuel Herrera (Comunicador Social) y José Montalvo (Sociólogo), ambos fundadores de Raíz Diversidad Sexual y vinculados a la Comisión de la Verdad, fuimos convocados al local del Movimiento Homosexual de Lima (MHOL) para elaborar un texto que a nombre de los movimientos de la diversidad sexual deberíamos elevar a la Comisión de la Verdad para la inclusión de un acápite sobre minorías sexuales en el Informe Final sobre la violencia política en el Perú (1980-2000). Es en este momento que ambos nos involucramos personalmente en la investigación de los crímenes de odio en el contexto del conflicto armado interno, elaboramos un informe inicial que enviamos a la Comisión de la Verdad, posteriormente con la publicación del Informe Final y la aparición de nuevos indicios hemos podido ahondar en el tema y vemos con satisfacción que este trabajo inicial ha motivado al movimiento LGTB (Lesbianas, Gays, Trans y Bisexuales) a incluir en su agenda el tema de la memoria colectiva.

Recuperar nuestra historia, generar memoria colectiva, rescatarnos del olvido; es parte de un proceso en el cual la Sociedad tome conciencia de las múltiples deudas que tienen, sin ello es imposible la reconciliación. La Comisión de la Verdad y Reconciliación en su informe final sobre la violencia política entre 1980 – 2000, propone la necesidad de poner énfasis: “En reparaciones simbólicas, el rescate de la memoria y la dignificación de las víctimas”, es por ello que resulta necesario el promover acciones que generen una memoria colectiva relacionada con los crímenes cuyo móvil fue el odio hacia las personas homosexuales. En algunos testimonios en relación de estos crímenes, los testigos nos plantean que en muchos casos la población apoyó los mismos o los miró con indiferencia; En este sentido la reparación no solamente debería tener un carácter emblemático o simbólico sino que se debe articular en un conjunto de estrategias para prevenir los crímenes cuyo móvil es el odio hacia las personas travestis y homosexuales, una iniciativa importante sería la de promover: “El día de la memoria colectiva de los crímenes por odio”; fecha para la reflexión sobre la necesidad de recuperar la memoria, la de identificar a las víctimas y la de generar propuestas de prevención; este es el sentido del presente artículo.

I. BUSCANDO PISTAS:

Como sabemos nuestra memoria es selectiva y muchos sucesos pasan al olvido, ya sea porque los consideramos poco relevantes o decidimos suprimirlos por salud mental. Cuando evocamos y recordamos lo hacemos en un presente y con la expectativa de que ello nos sea útil para el futuro, es decir no recordamos en vano sino que nuestro recuerdo siempre cumple una finalidad, en este sentido la memoria colectiva es rememorar nuestra historia de manera que podamos ir construyendo apuestas de futuro.
Hace dos años en el contexto de mi participación en el equipo de investigadores de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, me fui enterando de una historia poco conocida y para nada recogida por la ‘historia oficial’, aquella que era contada por los medios de comunicación en la época de la dictadura de Alberto Fujimori. Me refiero a la historia de las personas que fueron torturadas, desplazadas o asesinadas a causa de su orientación sexual o identidad de género, de las cuales ni siquiera tenemos un número estimado ya que para el ‘relatos oficiales’ de La violencia política, nunca habían existido.

En diversos lugares del país, especialmente en zonas de la selva, los actores de la violencia política; hostilizaron, maltrataron e incluso asesinaron a personas por el simple hecho de ser visiblemente homosexuales. En muchos casos se trataron de acciones concebidas como ‘profilaxis social’, que consistían en generar las condiciones para la expulsión de la persona homosexual de su comunidad. En otros casos se trató de crímenes de odio y homofobia, particularmente crueles por el grado de ensañamiento con las víctimas; la mayoría de estas historias están olvidadas y muchos prefieren que se mantengan así.

II. SENDERO LUMINOSO EN AUCAYACU Y PUCALLPA

Aucayacu: 6 de agosto de 1986.

Aucayacu, se ubica en la Provincia de Leoncio Prado en la zona nororiental del Perú, en este lugar Sendero Luminoso inicia una presencia temprana entre 1980 y 1981, la misma que se mantendría hasta aproximadamente 1992, sin embargo es entre los años de 1986 y 1989 que la zona sufre el impacto de la violencia generalizada, en la cual según el Informe de la Comisión de la Verdad la cantidad de muertes solamente fue superada por las registradas en Ayacucho. El 6 de agosto de 1986, la población de Aucayacu, Sendero Luminoso decide realizar una acción de “limpieza social” que buscaba erradicar a los “indeseables” del pueblo, es de este modo que captura y posteriormente ejecuta a diez personas, entre hombres homosexuales y mujeres en estado de prostitución. La motivación para estas acciones de erradicación de “indeseables” fue parte de una política que buscaba el control total sobre el territorio y las personas, además de afianzar la sensación de orden y autoridad derivados de la instalación de los denominados “comités populares”, organismos controlados por el Comité Regional del Huallaga de Sendero Luminoso. Estas acciones producen el temor generalizado entre la población homosexual y travesti, por lo cual se generan desplazamientos forzados hacia zonas más seguras del país.

Pucallpa: 12 de Septiembre 1988.

Entre 1985 y 1990, en la región de Ucayali ubicada en la selva del Perú, Sendero Luminoso decide extender su política de limpieza social teniendo como objetivo eliminar a lo que ellos denominaban “cabros” (homosexuales), “prostis” (trabajadoras sexuales) y “fumones” (drogodependientes). Uno de estos hechos fue conocido gracias a que algunos periodistas fueron testigos del mismo, es así que al amanecer del 12 de septiembre de 1988 en el sector de “La Hoyada” al noreste de la ciudad de Pucallpa (Ucayali), una columna de senderistas apareció con ocho personas y ante la presencia de algunos periodistas locales, los ejecutó con disparos de ametralladora, el motivo que expusieron para tal asesinato fue que los mismos eran “cabros, fumones o prostis”; los periodistas relatan que los cadáveres fueron sepultados en una fosa común y nadie reclamó sus cuerpos. Sin embargo las investigaciones realizadas por la Comisión de la Verdad revelan que estos no fueron los únicos hechos y que se sucedieron episodios similares pero nunca se supo la identidad de las víctimas ya que los cadáveres eran arrojados a los ríos, estas campañas de “limpieza” o “eliminación de indeseables” fueron apoyadas por un sector de la población que veía como positivas estas criminales acciones. Un dato realmente dramático es que en muchos casos tanto era el estigma que los propios familiares no recogían el resto de los ejecutados.

Los “indeseables” para Sendero Luminoso.

Por los datos obtenidos podemos afirmar que en el caso del grupo maoísta Sendero Luminoso existió una estrategia de eliminación y desplazamiento de las poblaciones que consideraba “indeseables”, considerando como tales a trabajadoras sexuales y personas homosexuales. Esta estrategia encuentra su fundamento en la percepción de la existencia de un gran eje ordenador, el denominado “Pensamiento Gonzalo” derivado de la particular interpretación de Abimael Guzmán sobre el marxismo y en espacial los escritos de Mao Tse Tung. Sobre este último debemos recordar que existía el libro de citas del “Presidente Mao” donde podíamos encontrar pequeños fragmentos que “guiaban” el conjunto de las acciones humanas, desde los aspectos relacionados con el quehacer político o económico hasta el enamoramiento y las relaciones de pareja. Es por ello que no resulta raro que Sendero Luminoso desde una interpretación ortodoxa del maoísmo sintiera la tentación de ser el gran ordenador del conjunto de las acciones humanas en las zonas donde tenía influencia política y militar. En este sentido podemos hablar de un fundamentalismo ideológico en Sendero Luminoso, ya que este grupo concebía que sus ideas tenían validez universal por tanto podían ser exigibles e impuestas a los demás. Este aspecto fue más visible en las zonas donde el senderismo pudo ejercer el poder político o militar (como el caso de Aucauyacu) con el cual buscó no solamente la adhesión política a su proyecto militar sino aspiró a ejercer el control sobre el conjunto de las actividades humanas, incluido dentro de ellas a la sexualidad, en la cual se irrogó la capacidad de determinar lo que consideraban “incorrecto”, “anormal” o “indeseable”.

El silencio y el prejuicio.

Pero estos crímenes no solamente pueden ser explicados por el fundamentalismo de Sendero Luminoso sino también por el contexto cultural, los mandatos de la sexualidad dominante y el prejuicio contra la sexualidades no heterosexuales, es por ello que el propio Informe de la Comisión de la Verdad nos habla del silencio y la complicidad por parte de la población, los cuales incluso en algunos casos veía con simpatía el trato cruel, los castigos y asesinatos del cual fue objeto la población homosexual y travesti. En este sentido las muertes, tratos crueles y desplazamientos forzados no solamente fueron responsabilidad de Sendero Luminoso sino también de la propia sociedad que presa de sus prejuicios veía como natural el hecho que se le diera un trato inhumano al diferente. Si bien la violencia hizo aflorar los sentimientos más primarios de odio y discriminación, sin embargo la culminación de la misma no es garantía de que los mismos hallan sido superados, en muchos casos hemos sido testigos de casos similares a los relatados y que pasan desapercibidos al ser considerados como parte de la violencia común. Es todavía largo el camino hacia la superación de los enormes desencuentros que desnudó la violencia política, pero un primer paso es el mantener la memoria de lo sucedió, ser conscientes que existe una agenda pendiente con respeto a muchos grupos excluidos y que allí hay una enorme responsabilidad que debemos encarar.

III. EL CASO DEL MRTA EN TARAPOTO:

En el marco de las indagaciones sobre los crímenes contra personas homosexuales durante el conflicto armado interno; tuvimos acceso a algunas versiones electrónicas (vía web o e.mail) que justificaban el accionar del MRTA en Tarapoto y en especial al suceso ocurrido en “Las Gardenias”. En todas las versiones recogidas se acepta la autoría del MRTA sobre los asesinatos, pero sin embargo se niega que el móvil fuera la orientación sexual de las víctimas, en todo caso una pregunta lícita que no podemos hacer es hasta qué punto tenemos niveles de homofobia interiorizados los cuales podemos exteriorizar de la manera más cruel en contextos como los que se produjeron durante el conflicto armado interno. En una de las versiones recogidas podemos notar que pese a que han pasado más de quince años aún se mantienen frescos los sucesos ocurridos la madrugada del 31 de mayo de 1989:

“Si estamos hablando del mismo caso, entonces tenemos que remontarnos al año de 1989 en el mes de mayo y situarnos en la selva peruana como bien refieres, en el departamento de San Martín, en la provincia de Tarapoto, en el pueblo joven “9 de abril” donde 8 individuos fueron sancionados luego de ser sacados a viva fuerza de un prostibulo que llevaba el nombre de las “Gardenias” y llevados al Jr. Manco Inca de dicho asentamiento donde lo inevitable ocurrió.”

En este primer párrafo podemos apreciar como de manera fría se relata el asesinato que para el autor era “inevitable”, a las víctimas se les llama de manera despectiva, “individuos”, posteriormente sugiere un primer juicio moral cuando indica que el lugar de donde fueron secuestrados era un “prostibulo”. Esto quedará más claro cuando indica las razones del asesinato de las ocho personas homosexuales:

“Como resultado de la voluntad popular expresado en las asambleas de los diferentes asentamientos y no de blanquitos venidos de la ciudad recubiertos en un halo de romanticismo revolucionario y guerrillero sino por los hijos y pobladores de esa tierra cansados de esta banda de delincuentes prontuariados que cometían crímenes, robos, violaciones, narcotráfico y desapariciones en colusión con las fuerzas policiales y militares que recibían “jugosos cupos” y prestándose como soplones y delatores de dirigentes populares que habían asumido consecuentemente la organización de la autodefensa contra el terrorismo de Estado del gobierno aprista y del estado de emergencia declarado en la zona.”

En principio intenta desplazar la responsabilidad de los perpetradores (el MRTA) hacia un ente más abstracto, es por ello que afirma que la decisión fue producto de la voluntad popular, expresadas en asambleas y que dicho acto es solamente la consecuencia de los múltiples crímenes que supuestamente cometieron las víctimas en complicidad con las fuerzas armadas y policiales. En realidad es probable que efectivamente el MRTA hubiera convocado a reuniones con pobladores, sin embargo las mismas solamente sirvieron para justificar la decisión de cometer el asesinato, y una pregunta pertinente es que teniendo en cuenta los prejuicios y la estigma que existe contra la población homosexual, este acto en realidad fue simbólicamente un intento de castigar a la homosexualidad, es entonces que las víctimas solamente habrían sido el vehículo por medio del cual se materializa el castigo hacia una conducta considerada aberrante. Esto último comienza a ser evidente en los párrafos posteriores:

“Pese a la advertencia que se les hizo desde el mes de febrero mediante volantes en que recogía las denuncias de la población que incluso pedía sanción a las autoridades corruptas, se les insto a dejar sus actividades ilícitas y no sufrir las consecuencias por atentar contra la población infantil y juvenil por lo contrario arreciaron con mas fuerza la agresión contra la población generalizando el pánico y la zozobra, lo que genero el triste final.”

Primero se hace alusión a las advertencias que el MRTA les hizo en febrero; importante tener en cuenta, porque en febrero de 1989 el MRTA como parte de sus “advertencias”, asesinó a una persona, la cual era homosexual, y este hecho generó efectivamente que población travesti de Tarapoto, iniciara desplazamientos hacia otras zonas del país. Este hecho es bastante recordado hasta ahora por algunas travestis que residen en la ciudad de Iquitos, a donde llegaron huyendo de la persecución que el MRTA realizaba en la ciudad de Tarapoto. Lo que es peor, en muchos de estos testimonios se afirma que un sector de la población mostraba indiferencia e incluso apoyo frente a este tipo de asesinatos. Y en la cita vamos encontrar un conjunto de prejuicios socialmente aceptados sobre la población homosexual. Esto es claro cuando se indica que las víctimas habían atentado contra la población infantil y juvenil; allí es clara la idea de concebir al homosexual como el “pedófilo y corruptor”. Y en la cita queda clara la idea de pedofilia asociada a la homosexualidad. Y de lo que estamos hablando no es solamente de la historia del conflicto armado interno, sino de ideas que se siguen expresando en la actualidad, para mencionar un caso, hace unos meses cuando se discutía la posibilidad de una resolución de las Naciones Unidas sobre la no discriminación por orientación sexual. La congresista Fabiola Morales, de la derechista Unidad Nacional, nos advertía del peligro de proteger a los homosexuales de la discriminación, ya que ello alentaba a la pedofilia, pese a lo descabellado del argumento, este fue respaldado por los integrantes de la Comisión de Salud del Congreso; y si leemos los argumentos de la señora Morales, estos no distan mucho de los que se usaron para justificar los crímenes del MRTA:

“Entre los meses de marzo y abril del presente año, se desarrollará la sesión número 60 de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en la cual se someterá a votación de los países miembros la propuesta de resolución sobre los derechos humanos y orientación sexual efectuada por Brasil, con lo cual se pretende introducir a los arrendamientos jurídicos un concepto respecto del cual no hay una definición unánime y consensuada y que puede comprender incluso a las tendencias sexuales como la pedofilia y demás desviaciones penadas por nuestro ordenamiento jurídico.”

Como podemos observar con preocupación el tono de alarma frente a los peligros de las conductas consideradas “desviadas” y la necesidad de proteger a los niños de las mismas, es recurrente en todos los discursos de odio hacia la población homosexual. Pero regresemos al tema del crimen de odio que se produjo en 1989. En el mismo texto podemos apreciar que en repetidas veces se afirma que el tema de la homosexualidad no fue el motivo del asesinato, debemos tener en cuenta que el texto es escrito casi quince años después de los sucesos, por tanto para el sentido común de la época actual resultan menos “aceptables” los crímenes de odio, es por ello que se ensayan diversas justificaciones para ocultar la homofobia compulsiva:

“No replico para defender al MRTA ya que no hace falta, pues en documentos de dicha organización, hecha publica en marzo del año 1992 en su I Congreso Nacional en su programa explícitamente dicen:…´ Quedara prohibido bajo pena de duras sanciones legales todo tipo de discriminación racial, sexual o de credo. Todos los ciudadanos serán realmente iguales ante la ley.´ Los involucrados no fueron “sancionados” por ser homosexuales.”

Es decir se apela a un argumento que es muy conocido, el de conectar a la “homosexualidad” con un conjunto de conductas sociales que se califican impropias, frente a las cuales se hace necesario implementar políticas de “profilaxis social”; coincidentemente dichos argumentos fueron repetidos por el Alcalde de Lima (de tendencia derechista), para justificar los atropellos del Serenazgo Municipal y la Policía, contra los asistentes a la discoteca gay “Achakes”; la cual justamente era frecuentada mayoritariamente por travestis y gays de los sectores pobres de Lima (18/06/04). Pero regresando al texto que relata los hechos de 1989, encontramos que citando al semanario “Cambio”, justifica los asesinatos considerando que los mismos eran la única salida frente al supuesto daño que las víctimas generaban en el conjunto de la población:

“Fue una política de profilaxis social como reseña el semanario ´Cambio´ y del cual discrepo, sino reconocemos que todas esta lacras son producto del injusto sistema imperante pero no por ello tenemos que permanecer pasivos o convivir impunemente con el crimen.”

En realidad pese a que el texto tiene como finalidad central afirmar que la orientación sexual no fue el móvil de los asesinatos; sin embargo en el propio texto vamos encontrando un conjunto de argumentos que en distintos contextos son usados para justificar la violencia contra la población homosexual y los cuales tienen que ver con mandatos sociales muy fuertes, porque en ellos reside la posibilidad de control social. El odio, la violencia y la discriminación; no son gratuitas, tienen una finalidad ordenadora necesaria para el ejercicio del poder, ya sea este por un grupo armado irregular (el MRTA o Sendero Luminoso) o por el poder institucionalizado (el Alcalde de Lima o los Congresistas). Es por ello que es muy probable que efectivamente los asesinatos fueran aplaudidos por un importante sector de la población, ya que justamente en la internalización del rechazo a lo diferente, residen las posibilidades de clasificar, ordenar y controlar.

IV. LA UTILIDAD DE HACER MEMORIA:

Estos hechos no fueron los únicos, sin embargo su relevancia está en que se convierten en unos de los pocos crímenes de homofobia registrados en un documento oficial, como es el Informe de la Comisión de la Verdad. Como hemos apuntado anteriormente hay muchos casos similares poco investigados, que es necesario recuperar para la memoria colectiva, ya que debemos tener en cuenta que en muchos casos en medio de la irracional violencia afloraron los impulsos más primarios de las personas, entre ellos el odio hacia la personas homosexuales, los discursos de la guerra en este sentido buscaron disciplinar las conductas de las personas e incluso los propios cuerpos. Recordar los horrores de los años de la violencia política entonces tiene una finalidad reconciliadora porque permite que nuestra sociedad sea consciente de sus propios odios e irracionalidades, los cuales nos hablan de la urgencia de políticas públicas que busquen erradicar todo tipo de discriminación, exclusión o estigmatización. Solamente afrontando a nuestros fantasmas podremos mirar al futuro con la esperanza de construir una sociedad radicalmente democrática. En este sentido una manera de ir generando conciencia colectiva tanto en la comunidad LGTB como en la sociedad en general es mediante gestos simbólicos; la propia Comisión de la Verdad propuso que debieran existir gestos simbólicos de reparación a las comunidades afectadas por la violencia; en este sentido es importante promover un día de la “Memoria colectiva de los crímenes de odio”, la fecha propuesta sería el 31 de mayo, fecha en la cual el MRTA perpetró el asesinato colectivo antes descrito. Si bien es cierto este no fue el único caso pero sin embargo es el más conocido, la fecha no solamente tendría una finalidad de reparación simbólica, sino también buscaría generar conciencia colectiva sobre la necesidad de promover acciones que prevengan los crímenes de odio, en especial porque desgraciadamente, los mismos siguen ocurriendo.

El 12 de marzo del 2012, el blog Cartas Desde Urano (seguir este link) se concentra en la violencia de SL mediante su post “Sendero Luminoso y las Diversidades Genéricas y Sexuales”:

1. Camarada “Artemio” detenido.

Tras la captura del terrorista apodado “Artemio”, pensé en escribir un artículo sobre “Sendero Luminoso” y la población homosexual y transgénero (cuando ya había decidido, también, volver con mi blog). Y dado que este tema ya fue tocado en algunas entrevistas previas, tratare de no ser redundante.

Hacia 1980, la organización terrorista Sendero Luminoso (en adelante SL) inicio en el Perú un cruento conflicto armado. Dicha organización buscaba, a través de la violencia, destruir el estado y la sociedad peruana, a los que tipificaba, despectivamente, de régimen feudo burgués y capitalista.

En este violento conflicto interno (el más sangriento de la historia peruana), SL cometió gravísimos crímenes de lesa humanidad (entre los que se cuentan al menos 216 masacres). Su repudiable accionar dejó varios millares de muertos (se estima una cifra que va de entre 24 a 38 mil muertos).

Ningún sector de la sociedad peruana dejó de verse afectado por el accionar de SL, que, de paso, se ensaño, sanguinariamente, con los grupos más vulnerables de la población (de lejos, el mayor número de víctimas se cuenta entre la gente más pobre del país).

Uno de esos sectores poblacionales afectados es, sin dudarlo, el de las diversidades genéricas y sexuales (específicamente las personas homosexuales [lesbianas y gueis] y transgéneros [como travestis, transexuales, etc.]), a quienes SL victimó impunemente.

Partiendo de que el prejuicio anti homosexual y anti transgénero (en adelante homofobia y transfobia) es “tradicional” en las sociedades latinoamericanas, se encuentra que SL, aunque pretendió romper con el orden político, social y económico peruano, no se libro de esta inveterada tara cultural.

En consecuencia, SL asumió como válida y legítima su homofobia y transfobia, algo que, además, refrendaron, “ideológicamente”, con los discursos homofóbicos y transfóbicos de los regímenes totalitarios de Stalin y Mao.

Cabe aclarar que esta visión homofóbica y transfóbica no es consustancial al socialismo o al comunismo. La crítica materialista de los movimientos feminista y lésbico guei en los años 70 así lo demuestra. Por su parte, la revolución bolchevique de 1917, implantó, en suelo ruso, libertades y derechos sexuales sin parangón hasta ese entonces (emancipación sexual de la mujer, la integración social de personas homosexuales, etc.).

La influencia que sobre SL tuvieron Stalin y Mao es patente. De Stalin tomaron planteamientos como el de la simplificación del marxismo, la tesis del partido único, el culto a la personalidad, etcétera, mientras que de Mao tomaron la noción de la inevitabilidad de la violencia para lograr la revolución, la posibilidad de pasar por encima de las estructuras partidarias y entregar todo el poder a la jefatura (lo que luego devendría en la dictadura omnímoda del líder), etc.

Contradictoriamente, Stalin y Mao tomaron su homofobia y transfobia de la moral burguesa capitalista (que, de paso, se remita a la moral cristiana de indiscutible talante sexofóbico). Es decir, que asumieron, inconscientemente, los prejuicios morales de un orden social al que se oponían sin cortapisas. Ellos habrían tomado tales prejuicios de sus contactos con la cultura occidental. En consecuencia, ni Stalin ni Mao supieron reconocer, en su pensamiento y en su accionar, la sujeción que tenían ante la moralidad burguesa y capitalista.

 

2. Bandera de Sendero Luminoso.

Tanto Stalin como Mao asumieron, en gran medida, las disposiciones genéricas y sexuales de occidente, como la satanización de las diversidades genéricas y sexuales y la feminización del sujeto guei. Inclusive persiguieron y sancionaron la homosexualidad (irónicamente Stalin la consideraba un “vicio burgués” y Mao una “perversión capitalista”, cuando, en realidad, la homofobia y la transfobia eran los verdaderos vicios y perversiones burgueso capitalistas).

Como dato curioso, las tradiciones rusa y china iban en otra dirección. Así, el cristianismo ortodoxo ruso era menos hostil al homoerótismo y a la transgeneridad que los cristianismos occidentales, mientras el sincretismo religioso chino toleraba más las diversidades genéricas y sexuales.

Por lo tanto, la justificación estalinista y maoísta de SL, para su repudio de la homosexualidad y la transgeneridad, no fue más que la reedición de unos prejuicios, que eran muy propios del orden social al cual repudiaban. A tenor de tales prejuicios, SL violento y asesino, inmisericordemente, a innumerables personas homosexuales y transgéneros. Sus métodos fueron extremadamente crueles e incluían el secuestro, la burla, la humillación, el trasquilado, la tortura, la mutilación genital e, invariablemente, el homicidio.

El numero de víctimas homosexuales y transgéneros resulta difícil de cuantificar, aunque tomando en cuenta diversas informaciones (incluyendo las aportadas por la Comisión de la Verdad y de la Reconciliación [CVR], comisión que se encargó de elaborar un informe, sobre la violencia desatada durante el conflicto interno), se puede estimar que la cifra de personas homosexuales y transgéneros asesinadas estaría entre los varios centerares y más de un millar.

La organización MHOL (Movimiento Homosexual de Lima), una de las organizaciones lésbicas, gueis, bisexuales y/o trans del Perú, estima que medio millar de personas, entre gueis y trans, fueran asesinadas, ya sea por SL o el MRTA (el “movimiento revolucionario Túpac Amaru”, organización terrorista que también participó en el conflicto interno peruano). Sin embargo, el cálculo resulta conservador, no solo por la imprecisión existente sobre los componentes y la cuantía de las poblaciones victimadas (la CVR no cuenta con datos precisos sobre estas poblaciones victimadas en el conflicto) y, sobre todo, por la omisión, en el estimado, de mujeres lesbianas.

Lamentablemente, a la fecha, la muerte de mujeres lesbianas es solo una presunción, aunque bastante factible. Por ello, resulta poco creíble que SL, no haya encontrado siquiera una lesbiana en su camino (tampoco en el holocausto genocida de la segunda guerra mundial se recogieron datos sobre mujeres lesbianas y tuvieron que pasar varios años antes de reconocer sus muertes).

La poca información que se tiene sobre los asesinatos de gueis y trans durante el conflicto interno, son el resultado de testimonios indirectos y de declaraciones familiares (recién el camarada “Artemio” ha confesado su participación en estos crímenes).

De por sí, la falta de información precisa sobre la conformación y la cuantía de las poblaciones asesinadas durante el conflicto es funesta y preocupante, situación que se agrava con la invisibilización de las poblaciones lésbica, guei y trans (claro resultado de la homofobia y la transfobia social). Negar la existencia de diversidades genéricas y sexuales, omitir su presencia, suprimir su recordación, ha sido moneda corriente en las sociedades latinoamericanas. Por ello, ni al estado peruano le intereso contar estas muertes, ni a SL reivindicarlas. No es de extrañar, entonces, que SL omita a las mujeres lesbianas en sus “cuentas”. Lo peor es que ello se ha extendido a todos los ámbitos (al de los medios, la misma CVR, ¡las agrupaciones LGBT’s!, etc.).

No se pueden negar tajantemente estas muertes, bajo el supuesto que no hay datos o fuentes. Probablemente SL haya asesinado a las mujeres lesbianas que “encontraba”, pero no solo eso, si se toma en cuenta que SL repite el patrón de los crímenes de odio, contra personas homosexuales y transgéneros, habidos en el Perú (como en el del caso de la mutilación de penes, que se aplicaba y aplica a varones gueis y a mujeres trans, como supuesto “escarmiento” por renunciar a su “hombría”), no resulta imposible asumir, que a las mujeres lesbianas que se “reconocía”, antes de ejecutarlas, las hayan violado (la llamada “violación correctiva o curativa”), con el supuesto fin de “volverlas mujeres” (la CVR reportó que la violación sexual no fue ajena al accionar de SL y señala, además, que a esta organización y al MRTA, se le deben el 11 % del total de dichos crímenes, perpetrados durante el conflicto interno peruano).

3. Mujeres Lebianas en Lima.

Finalmente, las muertes de personas lesbianas, gueis y trans durante el conflicto interno peruano deben ser tomadas en cuenta, no solo en los informes sobre esta lucha fratricida y genocida, sino, también, en la historia oficial del Perú. Más aún, el estado peruano tiene el deber moral de implementar políticas públicas, destinadas no solo a conceder reparaciones (aunque sea simbólicas) sino, también, a evitar que estos terribles y deplorables sucesos se repitan.

A propósito, el 28 de febrero del 2012, a raiz de la captura del llamado “Camarada Artemio”, líder de SL, se difundió en los medios notas como la siguiente:

Cabecilla Terrorista Recién Capturado Reconoce Haber Asesinado a “Delincuentes Comunes y Homosexuales”

El cabecilla senderista Florindo Eleuterio Flores, también conocido como “camarada Artemio”, ha admitido con absoluta frialdad ser responsable de la muerte de 56 militares, 43 policías y 32 civiles, entre ellos personas homosexuales. Así figura en la lectura que hizo el fiscal de su caso, Marcos Guzmán, sobre el contenido de los atestados policiales en su contra referidos a atentados cometidos entre 1989 y 2011.

Artemio consideró las muertes como “hechos de guerra”. Interrogado sobre por qué ordenó entonces matar a civiles, Artemio respondió que “no eran simples civiles. Hablamos de soplones, colaboradores de las fuerzas del orden, traidores al partido (Sendero Luminoso), delincuentes que extorsionaban a la gente tomando el nombre de nuestra organización, delincuentes comunes y homosexuales“.

El discurso de estas bandas demenciales no ha cambiado. Declaraciones como esta no hacen si no confirmar que la agresión y violencia de SL efectivamente tuvo y tiene como uno de sus objetivos el asesinato y exterminación de personas LGBT.

Recordemos y no perdonemos para que esta barbarie no vuelva a repetirse.

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Loxoro

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Claudia Llosa es una conocida cineasta peruana, sobrina de nuestro Premio Nobel, Mario Vargas Llosa, y del también cineasta Luis Llosa.

Claudia Llosa en su corta carrera ha logrado una sólida reputación a través de películas como “Madeinusa” y, sobre todo, “La Teta Asustada” con la que obtuvo el premio Oso de Oro en el Festival Internacional de Cine de Berlín (Berlinale) el 2009, también nominada al Oscar del 2010 como Mejor Película Extranjera.

A fines del 2011 presentó su cortometraje “Loxoro”. Con este corto obtuvo el Teddy Award de la Berlinale el año pasado. El Teddy Award es el premio que este festival entrega anualmente a la mejor película de temática gay, lésbica o transgénero.

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La Película

“Loxoro” fue estrenada el 2011, en el marco del proyecto Fronteras de la cadena de televisión por cable TNT.

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Trata de la búsqueda que realiza Makuti (Belissa Andía), una madre transgénero, de su hija también transgénero Mia (Ariana Wésember), tras su desaparición. Recibe la ayuda de La Pozo (Pilar González), otra de sus hijas adoptivas. El vínculo filial entre Makuti, Mía y La Pozo (transexuales en la vida real) es espiritual; se nutre de compartir experiencias y subjetividades comunes en una sociedad que violenta al diferente, excluyéndolas socialmente por su identidad de género.

En su búsqueda (que no solo es física sino también emocional) Makuti recorre los espacios en los que se desarrollaba la vida de Mia, reflejándose en estos la cara oculta del mundo transexual de Lima, una comunidad que se cierra en sí misma para defenderse de la marginación y que posee un idioma propio: el loxoro (también conocido cómo húngaro).

Makuti encuentra (tal vez re-descubre) en esos bajos fondos que podrían ser cualquier calle de la gran Lima, los distintos mundos que posiblemente caminó Mía en su extravío. Su angustia es visceral al asumirla ya como desaparecida y presentir que no la vera más.

¿Porqué “Loxoro”?

Loxoro es la forma de comunicación encriptada que utilizan los grupos de homosexuales, gays, prostitutas, travestis y lesbianas de Lima. Puede considerársele incluso como un dialecto, jerga, etc., derivado del español. Andía, que rebasa los 50 años, ignora cuándo, dónde y cómo surgió. Lo descubrió en los años 70 entre los transexuales dedicados a la prostitución, primero en los barrios populares, luego en las clases media y alta. El lenguaje se extendería después a los salones de belleza.

La encriptación o cifrado busca mantener la intimidad de la comunidad transexual y defenderse de posibles agresiones. O en palabras de Pilar González: “es para pasar desapercibidas y conversar cosas delicadas sobre nuestras parejas y otros temas sin que los que están a nuestro alrededor nos entiendan”.

La forma de pronunciación es muy sencilla, sólo se tiene que adicionar a cada sílaba las palabras “xara”, “xere”, “xiri”,”xoro” y “xuru”.

Un ejemplo: para decir “Hola chicos los amo”, en Loxoro sería: hoxorolaxara chixiricoxoro losxoro axaramoxoro.

Con el paso de los años, el loxoro, hablado por al menos 500 personas (número en aumento), ha incorporado nuevas sílabas como “kuti”, “ipi”, “apa” y otras, acuñadas por transexuales jóvenes, lo que lo vuelve aún más complicado a los ajenos a la cofradía transgénero.

El mensaje

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Claudia Llosa pone el dedo en la llaga al acercarnos a la problemática de la comunidad transgénero de Lima, una realidad marcada por el desarraigo, la discriminación, la ausencia de redes de apoyo familiar, la marginación, la exclusión social y la violencia que enfrentan las personas trans cotidianamente. Una realidad molesta para una sociedad que se precia de demócrata y católica.

“Claudia Llosa nos permitió agrietar la barrera de la discriminación y abrir una ventana para el posicionamiento político de nuestro derechos, como acceso a un trabajo digno, presentando una realidad que invita a la reflexión”, dice Belissa Andía, quien es una conocida activista transexual, directora de la ONG Instituto Rumi, y fundadora del grupo travesti Claveles Rojos.

El cortometraje incita a reconocernos como diversos e iguales, y resalta la diversidad cultural, los modelos de género, los espacios periféricos de interacción y las experiencias de las mujeres transgénero que transitan en un ir y venir en la ciudad de Lima, y a quienes se les vulneran sus derechos sistémáticamente.

Mi Papá es un Drag Queen

James William Ross IV tiene un nombre que suena a realeza (claro, el número en romano ayuda mucho).

Es varón, es norteamericano, es negro, tiene 25 años, y un hijo de 6.

Le toma de 3 a 4 horas de empeño frente al espejo ponerse la peluca, las extensiones, acomodarse los rellenos, maquillarse, ocultar entre las piernas prominencias sospechosas (los accidentes ocurren), enfundarse las panties, los tacos, los abalorios, y finalmente calzar en un glamuroso vestido. Es entonces que su realeza salta a la vista. Se convierte en una princesa. James entra al invernadero por unas horas, Tyra Sanchez sale del closet. James (Tyra para servir a usted) se gana la vida como drag queen.

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El 2010 Tyra Sanchez fue la ganadora (en muy discutida decisión) de la segunda temporada del reality RuPaul´s Drag Race. RuPaul, por supuesto, no requiere presentación en un blog como este.

La especialidad de Tyra es imitar a su ídola Beyoncé Knowles. Lo hace muy bien. Tan bien que su hijo Jeremiah presume en su escuela diciendo que su papá es igualitito
a Beyoncé.

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Björn Flóki (ni idea acera de la pronunciación de semejante nombre) es un joven cineasta y diseñador islandés. Vive actualmente en Nueva York. No le falta trabajo, pero tampoco le sobra. No es ningún principiante. El 2012 lanzó el video oficial de un tema de sus compatriotas Sigur Rós.

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Alucinado con Tyra Sanchez y las circunstancias que la rodean, Björn, en complicidad con Denis Deck (productor), Mike Snyder (sonidista), Ryan Garrettson (camarógrafo), se han lanzado a la realización del documental “Drag Dad”, que nosotros lo hemos traducido “Mi Papá es un Drag Queen”. “Drag Dad” ha logrado un modesto financiamiento, y se encuentra en alguna etapa de desarrollo. Ni idea cuándo podremos ver el resultado de tanto esfuerzo. Pero, eso sí, al menos contamos con un trailer y un poster. Menos es nada.

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A continuación una sinopsis extraída de la web del documental, traducida para hacerla amigable para nuestros lectores que solo fueron al ICPNA a cortarse las uñas.

DRAG DAD

Drag Dad (Mi Papá es un Drag Queen) es un proyecto independiente acerca de Jeremiah, un niño de seis años, y su padre, la estrella travesti Tyra Sanchez. En 2010 Tyra Sanchez fue la vencedora del reality RuPaul’s Drag Race, lo que la catapultó a la fama.

El film intentará explorar lo cotiano de la vida de papá e hijo, y el lado sensacionalista del trabajo de James, su doble y contradictoria existencia como drag queen y padre.

¿Cómo es para Jeremiah ver a su padre como hombre y como mujer? ¿El trabajo de James imitando a mujeres lo hace a él diferente de otros padres?

Filmada con un estilo informal, íntimo, sin narración, “Mi Papá es un Drag Queen” combinará entrevistas con James, Tyra y Jeremiah, y escenas de su vida doméstica. El fin: obtener una visión en profundidad de esta particular familia LGBT (Lesbiana-Gay-Bisexual-Travesti).

¿ES NECESARIO UN FILM COMO ESTE?

Según Björn, la gran mayoría de norteamericanos aún piensan que los niños solo deben ser criados por parejas hombre-mujer.

“Como cineastas, sentimos la necesidad de derrumbar la idea de que algunos padres son mejores que otros a causa de su orientación sexual o identidad de género. Creemos que es importante mostrarles a aquellos que tienen prejuicios contra las familias LGBT que esto no define en modo alguno a un buen padre. No importa si uno es gay, heterosexual, banquero, o drag queen. El verdadero amor y la dedicación están por sobre tales letreros. Hemos visto a James y Jeremiah juntos, somos testigos de su maravillosa relación, y queremos llevarla a la pantalla”.

“James estuvo en Nueva York recientemente para algunos shows como Tyra Sanchez, y tuvimos la suerte de acompañarlo un par de noches (algunas escenas las hemos incluido en el trailer). Los fans de Tyra dicen que ella es como una descarga eléctrica en el escenario. Luego de haber pasado algún tiempo con ella durante el rodaje de esta parte del documental, hemos conocido también su lado humano, su carácter: definitivamente un gran personaje para el documental que deseamos realizar”.

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http://vimeo.com/44896887

Kathoeys & Ladyboys

Tailandia es un pais asiático. Su capital es Bangkok, y su clima es tórrido la mayor parte del año. Hasta ahí la lección de geografía. Ahora vamos a lo nuestro.

La población de Tailandia es de alrededor de 65’000,000 de individuos. 180,000 de tales personas se cree que son “kathoeys”, según la estimación de Sam Winter de la Universidad de Hong Kong. ¡Nada menos que 180,000! ¡La población en conjunto de Lince, Jesús María y San Isidro!

¿Y qué diablos significa la dichosa palabrita, que tiene sonido de ingrediente de chifa de la calle Capón?

Mezclamos las versiones en inglés y español de Wikipedia, con algunos retoques de nuestra parte:

Kathoey

Kathoey

“Kathoey” o “katoey” (“hada” o reina”) designa a la persona cuyo aspecto externo era el de un hombre y ha pasado a tener apariencia de mujer en Tailandia. Es decir, es el término usado en este país para designar a los travestis y a las transexuales. También se denominan “ladyboys”. Los tailandeses los consideran pertenecientes a un “tercer sexo” o, más poéticamente, “otra manera de ser mujer”.

Las kathoeys o ladyboys se consideran a sí mismas mujeres en un cuerpo que se les dio por error, o sea, prisioneras en un cuerpo de hombre. Acorde a estudios, en la gran mayoría de casos empiezan desde muy temprana edad (7-8 años). Muchas empiezan a tomar hormonas desde adolescentes (11-12 años) para obtener características femeninas tales como voz, curvas y facciones redondeadas y menos marcadas.

En Tailandia pueden conseguir hormonas, legalmente o sin prescripción, en cualquier farmacia. Algunas, al reunir suficiente dinero, se colocan implantes de silicona para tener busto, se reducen o eliminan la manzana de Adán, etc. Incluso para lograr una completa feminidad pueden optar por hacerse una vaginoplastia, al ser relativamente baratas (alrededor de US$3,500).

Las kathoey se pueden encontrar en varios sectores de la población, ya que la cultura budista de Tailandia da un alto valor a la tolerancia. Usando la noción del karma, los tailandeses creen que las kathoey tuvieron una vida pasada de trasgresión, por lo cual no se les debe culpar, si no más bien tener compasión.

Aunque sujetas a discriminación de género, algunas trabajan en las muchas fábricas de Tailandia, o desempeñan oficios predominantemente femeninos, que van desde artistas de cabaret, meseras en bares, cafés, y restaurantes, dependientas en boutiques, maquilladoras o estilistas en salones de belleza, empleadas en agencias de viaje o centros turísticos, masajistas, prostitutas, etc.

No existe reconocimiento legal para los kathoey en Tailandia. Inclusive después de la cirugía de reasignación genital, no se les permite cambiar su sexo legal (masculino a femenino). Pertenecen a menudo a las clases sociales más bajas, y su tasa de suicidios es perceptiblemente más alta que la de la población en general, sin embargo notablemente muchas modelos, cantantes y estrellas de cine de Tailandia son kathoeys.

Desde el golpe de estado en Tailandia el 2006, las kathoeys esperan una nueva constitución en que se les designe como un tercer sexo en sus pasaportes y otros documentos, e incluso admitirlas como mujeres si han pasado la cirugía de reasignación genital.

Pattaya

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Pattaya es una ciudad en la costa de Tailandia a dos horas de Bangkok.

Pattaya tiene parte de su reputación como destino turístico, debido a la industria del sexo y de la vida nocturna resultante, y en muchos aspectos la ciudad se ha convertido en lo que es ahora debido a esto.

La prostitución en Tailandia es técnicamente ilegal, pero la realidad demuestra que es tolerada, como es el caso de Pattaya con su gran número de bares go-go, salones de masajes, saunas y hoteles por horas, que sirven a los turistas extranjeros, así como a los locales. Esto es frecuente en la calle peatonal, así como otras áreas de la ciudad.

Pattaya tiene también el mayor escenario gay de Asia, en torno a Boyztown y Sunee Plaza. La ciudad es también famosa por su extravagante kathoey cabaret, dónde transexuales y travestis realizan perfomances.

Es en Pattaya donde transcurre la vida de la bellísima Kat, una kathoey o (ladyboy) que nos cuenta su historia. En el blog http://mividacomomariel.blogspot.com encontré este texto, pero desgraciadamente el original (en tailandés) se ha perdido, o hasta ahora no logré ubicarlo. Lo he corregido un poco y arreglado para hacer más amigable su lectura.

Kat

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Hola. Soy Kat. Mido 1,65 m. Soy delgada, femenina, sexy. Además soy una ladyboy tailandesa.

Quiero hablar sobre qué es ser una ladyboy o kathoey para que las personas tengan una mejor percepción acerca de nosotras.

Ahora tengo 24 años y vivo en Bangkok. No tengo ni quiero tener operación alguna, que es lo primero que me preguntan.

Hay varias clases de ladyboys. Eso depende de hasta dónde quiere una llegar siendo una niña. Algunas son felices con sólo vestirse, comportarse y ser tratadas como una mujer, y no quieren alterar su cuerpo en modo alguno. Otras toman hormonas femeninas (estrógenos) o combinaciones de fármacos que contienen estrógenos y drogas que producen el crecimiento de pequeños pechos y pezones, el cambio de la voz, la reducción del vello corporal, y la distribución en forma más femenina de la grasa de su cuerpo. Cuando se toman estos productos durante un largo período de tiempo, se produce también la reducción del pene. Estos tratameintos no reducen el vello facial. Para depilarlos es necesario varias sesiones de electrólisis.

Entre las ladyboys, algunas que toman hormonas se hacen implantes mamarios, y otras que no las toman sí se hacen los implantes.

Luego están las ladyboys que deciden recorrer todo el camino y efectuar su transición completa a mujeres. Se someten al tratamiento con hormonas, se hacen implantes mamarios, e incluso la reconstrucción genital. Pero por lo general la mayoría de las ladyboys conservan su pene, pero gozan de hacer sexo con hombres.

Para mí, Kat, es suficiente con vestirme como mujer. No deseo alterar mi cuerpo en modo alguno. Técnicamente soy conocida como “pre-op ladyboy”, mientras que alguien que se ha operado es conocida como “newhalf”.

Casi todas nosotras somos gays (bueno, probablemente todas lo somos) pues nos gustan los hombres. Aunque me he encontrado con algunas que les gustan tanto hombres mujeres. Todavía no he conocido ladyboys a las que les gusten sólo mujeres.

Desde que tengo memoria siempre supe que era una ladyboy. Cuando era pequeña recuerdo que mi familia siempre me llamaba “kathoey”. En la cultura tailandesa somos aceptadas por algunas familias, pero en otras no. Cuando yo hablaba, lo hacía en femenino. En la mayoría de las familias tailandesas hay una kathoey, y a veces hay dos hermanos (o debería decir hermanas) kathoey.

Me pregunto por qué Tailandia tiene tantas ladyboys/kathoeys en comparación con otros países. Realmente lo ignoro. Es todo un fenómeno de éste país. Quizás algo en nuestra agua (algunos científicos dicen que tal vez haya demasiado estrógeno, la hormona femenina, en el agua potable).

La mayoría de mis amigas ladyboys se han mudado aquí, a Bangkok o a Pattaya. Y por lo general se van con hombres por dinero y diversión. A veces podemos encontrar un buen hombre que se quedará con nosotras durante unas pocas semanas, o meses incluso. Pero no permanecen por mucho tiemo en Bangkok pues tienen su vida en otro país. La mayoría de los hombres que se acercan a nosotras las ladyboys son heterosexuales; muchos tienen esposa o novia, y ni siquiera sus mejores amigos saben que les gustan las ladyboys.

Por supuesto, no todas nos vamos con cualquier hombre sólo por dinero. Depende de cada chica. Una bella y convincente ladyboy como yo puede elegir, y sólo me voy con un hombre si lo encuentro atractivo. Que nosotras nos vendamos a los hombres no significa que no disfrutemos del sexo. Una vez más, depende de cada persona. Algunas pueden venderse tanto como reciban propuestas de sexo por dinero. Otras lo harán sólo una vez a la semana, o a la quincena, o incluso una sola vez al mes.

Cuando un hombre tiene relaciones sexuales con una ladyboy es fácil comprobar si ella goza o no. No somos como las mujeres, donde todo puede ser fingido. Muchas ladyboys disfrutan realmente del sexo. Es verdad. Nos gustan los hombres. Nos atraen sexualmente los hombres. Sobre todo los hombres heterosexuales. Y a pesar que somos pagadas, disfrutamos tener relaciones sexuales. ¡A una ladyboy le es imposible tener un falso orgasmo!

Algunas de mis amigas han sido afortunadas y encontraron un buen hombre que se ocupó de ellas durante años. Otras no se preocupan por lo que puedan obtener de un hombre, pues lo que buscan es un compañero.Pero ellos pueden sentirse presionados. Les preocupa salir y ser vistos en público con una de nosotras, y sólo quieren vernos en privado para tener sexo.

Algunas ladyboys desean ser tratadas exactamente como mujeres: salir de paseo, a discotecas, al cine, de compras, y divertirse como novio y novia. Sin embargo, he comprobado que la mayoría de los chicos se acomplejan de ser vistos con una ladyboy.

Las más bellas ladyboys pueden hacer mucho dinero si lucen convincentes, sexys y seductoras, ya que los hombres (a los que les gustan las shemales o t-girls) se lanzan sobre ellas como salvajes. Muchas trabajan en los bares de Nana Plaza, Tailandia Soi 4, y también hacen sesiones de fotos para sitios porno de internet, o sesiones fotográficas privadas. Ellas tienen cierto grado de fama. A veces son reconocidas en la calle por los admiradores de las ladyboys. En otras ocasiones los turistas se les acercan y les preguntarán si son “tal” (el alias que usan en los sitios web). Algunas trabajan en más de un sitio web y tienen dos o tres alias.

Hoy en día las más famosas casi ni se molestan en ir a los bares o discotecas que solían frecuentar ya que los sitios web incluyen sus detalles de contacto y usualmente tienen hombres turnándose para reunirse con ellas. O encuentran un compañero, o un hombre rico que se las lleva por lo general a América o Europa.

No todas las ladyboys somos así. Algunas realmente somos chicas agradables buscando el amor verdadero, tener un trabajo, y no ir tras los hombres. Es difícil de lograrlo. Algunas solo hacen sesiones de fotos pero no se venden. Incluso hay muchas ladyboys que prefieren trabajar en la calle como carteristas. Por todo esto es muy difícil definir con exactitud a las ladyboys o kathoeys. Debe tenerse una mente abierta, y no clasificarnos a todas con el mismo sello.

Yo trabajo durante el día en un salón de belleza, y los fines de semana me gusta salir y conocer algún chico con quien divertirme y tener sexo. Me gustan los europeos, americanos, canadienses y australianos. No muy viejos o demasiado grandes. Pero en mi corazón realmente deseo encontrar un hombre bueno, que cuide de mi, con quien divertirnos juntos y hacer cosas normales como cualquier pareja de novios. Sé que eso nunca sucederá, pues la estadía de los extranjeros aquí es siempre por unas pocas semanas.

Cuando salgo, casi siempre termino yendo a casa con algún chico que nunca antes estuvo con una ladyboy. Normalmente salgo una vez a la semana.

La mayoría de los chicos sólo quieren llevarnos a su hotel o apartamento para tener sexo, lo cual no es malo si él es occidental y guapo. Yo disfruto mucho cuando me dicen que es la primera vez que están con una ladyboy (lo que hace que me excite y disfrute el primer beso, y que el sexo sea realmente intenso). Sin embargo, la mayoría de las veces después de gozar, me ven como si fuera un paquete, me dan unos billetes y me piden que me vaya.

Me parece gracioso que en la mayoría de los países desarrollados los hombres no se avergüenzan de ser gays y de salir con sus parejas, o de decirles a sus amigos y familiares que son homosexuales y presentarles su pareja. Pero parecen avergonzados de salir con una ladyboy. La mayoría de las veces, cuando un chico me saca a pasear, me pide que no hable y que actúe como una mujer real. Se ven en apuros cuando, por ejemplo, un taxista les dice algo como “oh, usted es turista y le gustan las ladyboys, ¿no?”. Es una escena que me ha sucedido muchas veces.

Kat

Stonewall

Ya que ayer se conmemoró a nivel mundial la Marcha del Orgullo Lésbico, Gay, Transexual y Bisexual (LGTB), no viene mal hacer un recuento de cómo y porqué se estableció la fecha del 28 de junio.

Sucedió en Estados Unidos en 1969 hace más de 40 años.

A continuación una versión amigable de lo que cuenta con bastante detalle Wikipedia.

Disturbios de Stonewall

Stonewall

Los disturbios de Stonewall consistieron en una serie de manifestaciones espontáneas y violentas contra una redada policial que tuvo lugar en la madrugada del 28 de junio de 1969, en el pub conocido como el Stonewall Inn del barrio neoyorquino de Greenwich Village. Frecuentemente se cita a estos disturbios como la primera ocasión, en la historia de Estados Unidos, en que la que la comunidad LGBT luchó contra un sistema que perseguía a los homosexuales con el beneplácito del gobierno, y son generalmente reconocidos como el catalizador del movimiento moderno pro-derechos LGBT en Estados Unidos y en todo el mundo.

Durante las décadas de 1950 y 1960 los gays y lesbianas estadounidenses debían enfrentarse a un sistema legal mucho más hostil con los homosexuales que en muchos de los países al este del telón de acero. Los primeros grupos homófilos de EE. UU. intentaron demostrar que las personas homosexuales podían insertarse en la sociedad, y fomentaron una cultura de no confrontación entre homosexuales y heterosexuales. Sin embargo, los últimos años de la década de 1960 fueron muy turbulentos, ya que había muchos movimientos sociales activos, tales como el movimiento afroamericano pro-derechos civiles (1955-1968), la contracultura de los 60 y las manifestaciones contra la guerra. Este clima beligerante, junto al ambiente liberal del Greenwich Village, influyó para que se produjeran los disturbios de Stonewall.

Había pocos establecimientos que acogían a personas abiertamente homosexuales durante las décadas de 1950 y 1960. Los que sí lo hacían eran generalmente bares, aunque sus propietarios y administradores raramente eran gais. El Stonewall Inn, en aquella época, era propiedad de la mafia. Servía a gran variedad de clientes, pero era conocido por ser popular entre las personas más marginadas de la comunidad gay: transexuales, drag queens, jóvenes afeminados, prostitutos masculinos y jóvenes sin techo. Las redadas policiales en los bares gais eran algo rutinario durante la década de los 60, pero los agentes de policía perdieron repentinamente el control de la situación en el Stonewall Inn y atrajeron a una muchedumbre, provocando que se rebelasen. La tensión entre la policía de Nueva York y los residentes gais de Greenwich Village produjo más protestas la siguiente tarde, y sucesivamente varias noches después. En cuestión de semanas, los residentes del Village rápidamente se organizaron en grupos de activistas para concentrar esfuerzos en aras de establecer lugares para que gais y lesbianas pudieran manifestar abiertamente su orientación sexual sin miedo a ser arrestados.

Tras los disturbios de Stonewall, los gais y lesbianas de Nueva York hicieron frente a obstáculos de índole generacional, de clase y de género para formar una comunidad cohesionada. A los seis meses se habían creado dos organizaciones de activistas gais en Nueva York, con objeto de realizar protestas de confrontación, y además se fundaron tres periódicos para promover los derechos para gais y lesbianas. En pocos años se fundaron organizaciones de derechos homosexuales a lo largo de todo Estados Unidos y a nivel internacional. El 28 de junio de 1970 tuvieron lugar las primeras marchas del Orgullo Gay en las ciudades de Nueva York y Los Ángeles, conmemorando el aniversario de los disturbios. Con el tiempo, otras ciudades fueron organizando marchas similares. Hoy día se celebran actos del Orgullo Gay anualmente por todo el mundo hacia finales de junio, para recordar los disturbios de Stonewall.

La homosexualidad en la primera mitad de siglo

Tras la agitación social producida por la Segunda Guerra Mundial, mucha gente en los Estados Unidos sintió un ferviente deseo de “restaurar el orden social anterior a la guerra y mantener a raya las fuerzas del cambio”, según el historiador Barry Adam. Estimulado por el énfasis anticomunista nacional, el senador Joseph McCarthy organizó interrogatorios en su comisión senatorial para localizar a comunistas en el gobierno estadounidense, el ejército de EE. UU. y otras instituciones subvencionadas por el gobierno, dando lugar a una paranoia nacional. Los comunistas, anarquistas y otras personas catalogadas como anti-estadounidenses y subversivas eran consideradas un riesgo para la seguridad. Los homosexuales fueron incluidos en esa lista en 1950 por el Departamento de Estado de EE. UU., bajo la teoría de que estas personas eran frecuentemente susceptivas de chantaje. El secretario de Estado James E. Webb señaló en un informe que, “se cree generalmente que aquellos que realizan actos abiertamente perversos carecen de la estabilidad emocional de las personas normales”. Entre 1947 y 1950, 1.700 solicitudes de trabajo federales fueron rechazadas, 4.380 personas fueron expulsadas del ejército y 420 fueron despedidas de sus trabajos en el gobierno por la sospecha de que fueran homosexuales.

Durante los 50 y 60, el FBI y los departamentos de policía realizaron listas de homosexuales conocidos, registrando sus establecimientos favoritos y sus amistades. Por otro lado, el Servicio Postal de los Estados Unidos mantenía un registro de los domicilios a los que se enviaba por correo material relacionado con la homosexualidad. Los gobiernos locales y estatales siguieron ese ejemplo: los bares que servían a homosexuales fueron cerrados, y sus clientes arrestados y públicamente expuestos en los periódicos. Las ciudades realizaban campañas para librar a los vecindarios, parques, bares y playas de los gais. Se prohibió el uso de la vestimenta del sexo contrario, y las universidades expulsaban a los profesores sospechosos de ser homosexuales. Miles de gais, lesbianas y personas transgénero fueron públicamente humillados, acosados físicamente, despedidos, encarcelados o ingresados en hospitales psiquiátricos. Muchos vivían una doble vida, manteniendo sus vidas privadas en secreto y alejadas de sus vidas profesionales.

En 1952, la Asociación Americana de Psiquiatría catalogó la homosexualidad en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (Diagnostic and Statistical Manual, DSM) como un trastorno sociopático de la personalidad. Un estudio detallado de la homosexualidad de 1962 justificaba la inclusión del trastorno como un miedo oculto al sexo opuesto, causado por relaciones padre-hijo traumáticas. Esta opinión tuvo una amplia influencia en la profesión médica de la época. Sin embargo, Evelyn Hooker realizó en 1956 un estudio que comparaba la felicidad y adaptación a su entorno de hombres que se identificaban a sí mismos como homosexuales, con hombres heterosexuales, y no encontró ninguna diferencia. Su estudio conmocionó a la comunidad médica y la convirtió en una heroína para muchos gais y lesbianas, pero la homosexualidad permaneció en el DSM hasta 1973.

Activismo homófilo y disturbios anteriores

En respuesta a la tendencia antihomosexual generalizada, se habían formado dos organizaciones independientes para defender la causa de los homosexuales y procurar oportunidades sociales para que gais y lesbianas pudieran mantener contactos sociales sin miedo a ser arrestados. En 1950 un hombre gay llamado Harry Hay y un grupo de seguidores, cansados del trato discriminatorio por su orientación sexual, fundaron la Sociedad Mattachine. Esta organización unió a gais que habían estado aislados en el ejército y los animó a luchar por sus derechos, proporcionando además asistencia legal, liderazgo e información. Al encontrar una gran oposición a su posición radical, en 1953 la sociedad decidió orientarse hacia la búsqueda de la respetabilidad y la aceptación. El razonamiento era que se podrían cambiar más mentalidades en lo relativo al tema de la homosexualidad demostrando que gais y lesbianas eran personas normales que no se diferenciaban de los heterosexuales. Poco tiempo después, varias mujeres de San Francisco se reunieron para formar el grupo Daughters of Bilitis (DOB) para lesbianas. Aunque las ocho mujeres que crearon DOB se juntaban inicialmente en los salones de sus casas para poder tener un lugar seguro donde poder bailar, al crecer DOB desarrollaron objetivos similares a los de la sociedad Mattachine, y animaron a sus miembros a implicarse en la sociedad.

Uno de los primeros desafíos contra la represión gubernamental llegó en 1953. Una organización llamada ONE publicó la revista ONE, Inc. y el Servicio Postal se negó a enviarla por correo. El número de la revista, enviado en un envoltorio de papel ordinario, trataba sobre los homosexuales en matrimonios heterosexuales. El Servicio Postal alegó que contenía material obsceno. El caso llegó al Tribunal Supremo, que en 1958 sentenció que el veto era ilegal y que One, Inc. podía distribuir su material a través del Servicio Postal de los Estados Unidos.

Las organizaciones homófilas, como eran conocidos los grupos gays, crecieron en número y se expandieron hasta la Costa Este. Gradualmente los miembros de estas organizaciones fueron volviéndose más atrevidos. Frank Kameny fundó la Mattachine de Washington, D.C. Había sido despedido del Servicio de Mapas del ejército de Estados Unidos por ser homosexual, e interpuso demandas para ser readmitido sin éxito. Kameny escribió que los homosexuales no eran diferentes de los heterosexuales, frecuentemente dirigiendo sus esfuerzos a los profesionales de la salud mental (algunos de los cuales asistieron a reuniones de DOB y Mattachine, diciendo a los asistentes que eran anormales). En 1965 Kameny, inspirado por el movimiento afroamericano de derechos civiles, organizó un piquete en la Casa Blanca y otros edificios gubernamentales para quejarse de la discriminación laboral que sufrían. Los piquetes causaron una fuerte impresión entre muchos homosexuales, aunque no gustaron a algunos de los líderes de Mattachine y DOB. Al mismo tiempo, las manifestaciones de los movimientos feministas y de derechos humanos y la oposición a la guerra de Vietnam fueron aumentando en prominencia, frecuencia y seriedad a lo largo de la década de 1960, a la par que los enfrentamientos con la policía.

En los márgenes de las escasas y pequeñas comunidades gais existían personas que desafiaban los estereotipos de género. Había hombres afeminados y mujeres masculinas, o varones que se vestían y vivían como mujeres y mujeres que se vestían como hombres, a tiempo completo o parcial. La nomenclatura actual los definiría como transexuales, travestis y transgénero, siendo los representantes más visibles de las minorías sexuales. Echaban por tierra la afirmación cuidadosamente diseñada por DOB y la Mattachine de que los homosexuales eran personas normales y respetables. La Mattachine y DOB consideraban los juicios de los arrestados por llevar ropa del sexo opuesto como algo externo a las luchas de las organizaciones homófilas: similar, pero claramente separado. En este clima, algunos gays y personas transgénero efectuaron una pequeña revuelta en Los Ángeles en 1959 como respuesta al acoso policial. En 1966 varios transexuales, drag queens, chaperos y travestis se encontraban en la Cafetería Compton’s de San Francisco, cuando llegó la policía para arrestar a los “hombres” vestidos de mujeres. Se formó un altercado entre los clientes habituales, que lanzaron a la policía vasos, tazas, platos, rompiendo el escaparate y la cristalera de la puerta del restaurante. Regresaron varios días más tarde para romper de nuevo las ventanas que habían sido reemplazadas.28 La catedrática Susan Stryker clasifica el disturbio de la Cafetería Compton’s como un “acto de discriminación antitransgénero, más que un acto de discriminación por orientación sexual” y relaciona el levantamiento con otros asuntos de género, raza y clase que estaban siendo ignorados por las organizaciones homófilas.26 Este incidente supuso el inicio del activismo transgénero en San Francisco.

Greenwich Village

Los barrios neoyorquinos de Greenwich Village y Harlem se habían convertido en el lugar de residencia de una considerable parte de la población homosexual tras la Primera Guerra Mundial, cuando muchos hombres y mujeres que habían servido en el ejército aprovecharon la oportunidad de establecerse en las grandes ciudades. Los enclaves de gays y lesbianas, descritos en un periódico de la época como “mujeres de pelo corto y hombres de pelo largo”, desarrollaron una subcultura específica en las dos décadas posteriores. La ley seca benefició sin proponérselo a los establecimientos gais, ya que el beber alcohol se convirtió en una conducta clandestina al igual que otras actividades consideradas inmorales. La ciudad de Nueva York había aprobado leyes contra la homosexualidad en negocios públicos y privados, pero al haber una alta demanda de alcohol, los speakeasies y bares improvisados eran tan numerosos y temporales que las autoridades eran incapaces de controlarlos todos.

La represión social de la década de 1950 provocó una revolución cultural en Greenwich Village. Surgió una cohorte de poetas, después denominada la generación beat, que escribieron sobre la anarquía, las drogas y los placeres hedonísticos. Entre ellos estaban Allen Ginsberg y William S. Burroughs, ambos residentes del Greenwich Village, que también escribieron sobre la homosexualidad. Sus escritos atrajeron a personas de mentalidad abierta y a homosexuales que buscaban una comunidad propia.
A inicios de la década de 1960 se encontraba en pleno apogeo una campaña para librar a la ciudad de Nueva York de bares gais, ordenada por el Alcalde Robert F. Wagner, Jr., que preparaba la Feria mundial de Nueva York de 1964 y que estaba preocupado por la imagen de la ciudad. La ciudad revocó las licencias para servir alcohol en los bares y policías encubiertos intentaban arrestar a la mayor cantidad posible de homosexuales, lesbianas y personas transexuales, travestis y transgénero justificando las detenciones con delitos a los que ellos mismos incitaban. Para lograrlo, habitualmente, un agente encubierto entablaba una conversación con un hombre que había encontrado en un bar o un parque público. Si la conversación derivaba en la posibilidad de mantener relaciones sexuales o si aceptaba una bebida a la que le invitaba el agente, el hombre era arrestado por incitación a actividades prohibidas. Un artículo en el New York Post describió un arresto en el vestuario de un gimnasio en el que un agente se tocó la entrepierna y empezó a gritar; cuando un hombre le preguntó si estaba bien, fue arrestado. Pocos abogados defendían casos como estos, que consideraban indeseables e incluso algunos proporcionaban descuentos en sus honorarios a los agentes encubiertos.

La Sociedad Mattachine consiguió que el recién electo alcalde John Lindsay pusiera fin a la campaña de acoso policial en Nueva York. No tuvieron tanto éxito con la State Liquor Authority (Autoridad Estatal de Bebidas Alcohólicas). Aunque ninguna ley prohibía que se sirviera a homosexuales, las cortes permitían a la Autoridad que ejerciera de forma discrecional la aprobación y revocación de las licencias para establecimientos que fomentaran conductas “desordenadas”. A pesar de que había una gran población gay, lésbica, travesti, transgénero y transexual en el Greenwich Village, existían muy pocos lugares, a excepción de los bares, donde pudieran reunirse abiertamente sin ser acosados o arrestados. En 1966 la sección neoyorquina de la sociedad Mattachine organizó una reunión para beber en un bar de Greenwich Village frecuentado por hombres gais, para ilustrar la discriminación a que se enfrentaban los homosexuales.

Ninguno de los bares frecuentados por gais y lesbianas tenía propietarios gais. Casi todos eran propiedad de la mafia italiana, que maltrataba a sus clientes habituales, aguaba el alcohol y cobraba un precio excesivo por las bebidas. Estos establecimientos debían pagar lo que llamaban “la gayola” para que los locales pudieran seguir abiertos. Sin embargo también sobornaba a la policía para prevenir las redadas frecuentes.

Stonewall Inn

stonewall (1)

El Stonewall Inn, ubicado en los números 51 y 53 de la calle Christopher, como otros establecimientos de la ciudad, era propiedad de la familia Genovese. En 1966 tres miembros de la mafia invirtieron 3.500 dólares para convertir el Stonewall Inn en un bar frecuentado por travestis, transexuales y transgénero; el dueño del Stonewall Inn era amante de una transgénero. Después de haber sido un restaurante y un club nocturno para heterosexuales. Una vez a la semana, un policía recogía un sobre de dinero como soborno que lo denominaban “la gayola” ya que el Stonewall Inn no contaba con una licencia para vender bebidas alcohólicas. Tampoco contaba con agua corriente, por lo que los vasos sucios se enjuagaban en una palangana con agua para ser utilizados de nuevo. No había salidas de emergencia y constantemente había problemas con el drenaje de los baños. Aunque en el bar no había prostitución, se vendían drogas y se realizaban otras prácticas ilícitas. Era el único bar para personas transexuales, travestis y transgénero en la ciudad de Nueva York donde se permitía bailar, por lo que, desde su reapertura como un lugar TLGB (transexual, travesti, transgénero, lésbico, gay y bisexual), el baile era su atracción principal.

En 1969 los clientes del Stonewall Inn eran recibidos por un portero que los inspeccionaba a través de una mirilla. La edad mínima legal para el consumo de bebidas alcohólicas era de 18 años y, para prevenir la entrada de policías encubiertos, los visitantes debían ser reconocidos por el portero o debían tener aspecto de personas transgénero, travestis y/o afeminados o mujeres masculinas para poder entrar. La entrada costaba 3$ durante los fines de semana, lo que incluía dos vales de bebida. Se obligaba a los clientes a firmar con sus nombres auténticos en un libro para hacer constar que entraban en un club privado para adultos, pero raramente lo hacían con sus nombres verdaderos. Había dos pistas de baile en el Stonewall. El interior era de color negro, para crear un ambiente muy oscuro que se acentuaba con luces de color y lámparas de luz negra. Si se detectaba la presencia policial encendían las luces normales para indicar que todos debían dejar de bailar o de tocarse. En la parte de atrás del bar había una sección más pequeña que frecuentaban las travestis, transgéneros y transexuales y hombres con pluma. El Stonewall era uno de los dos únicos bares donde podían acudir hombres afeminados que se maquillaban y se cardaban el pelo (aunque usaban vestimenta de hombre). Los jóvenes sin techo que dormían en el cercano parque Christopher Park solían intentar entrar para que los clientes les invitaran a beber. La edad de los clientes oscilaba entre los jóvenes que no llegaban a la veintena, hasta los que sobrepasaban los treinta y había una proporción aproximadamente igual de blancos, negros e hispanos. Debido a la diversidad demográfica, su ubicación y la atracción del baile, el Stonewall Inn era el bar gay más popular de la ciudad.

Las redadas de la policía eran comunes. De promedio ocurrían una vez al mes en cada bar. Muchos bares almacenaban más bebidas en un compartimento secreto detrás del bar, o en un vehículo estacionado cerca, para proseguir con el negocio lo antes posible si se decomisaba el alcohol.4 La gerencia del bar generalmente tenía conocimiento de las redadas de antemano gracias a avisos previos de la policía, y las redadas ocurrían lo suficientemente temprano como para permitir que el negocio siguiera después de que la policía terminara. En una redada típica se encendían las luces, los clientes formaban en fila y se revisaban sus documentos de identidad. Los que no tenían documentos de identificación o usaban ropa del sexo opuesto eran arrestados. A los demás se los dejaba en libertad. Algunos de los hombres, incluso travestis y mujeres transexuales vestidas con ropa femenina, usaban sus cartillas militares como identificación. Las mujeres transgénero tenían que llevar un mínimo de tres prendas de ropa masculinas o de lo contrario eran arrestadas. También se solía arrestar a los empleados y gerentes de los bares.48 Durante el periodo inmediatamente anterior al 28 de junio de 1969 se habían estado realizando redadas de manera más frecuente en los bares de la zona. El Stonewall Inn había sido objeto de una redada policial el martes antes de los disturbios de Stonewall y habían sido clausurados otros dos clubs del Greenwich Village, el Checkerboard y el Tele-Star.

La redada

A la 1:20 de la madrugada del sábado 28 de junio de 1969, irrumpieron cuatro policías vestidos de civil con dos oficiales de policía en uniforme de patrulla, el detective Charles Smythe y el subinspector Seymour Pine, entraron por la puerta principal y anunciaron su presencia a gritos. Antes habían entrado en el bar cuatro agentes de incógnito para inspeccionar, mientras el Escuadrón de Moral Pública esperaba afuera la señal. Una vez dentro, usaron el teléfono de pago del bar para avisar a refuerzos del sexto distrito. Apagaron la música y encendieron las luces principales. Había aproximadamente 200 personas en el bar esa noche. Los clientes que nunca habían experimentado una redada policial estaban desconcertados, pero algunos, reconociendo lo que estaba ocurriendo, corrieron hacia las puertas y las ventanas de los baños. La policía bloqueó las puertas y la confusión aumentó. Uno de los presentes, Michael Fader, recuerda el momento así: “Las cosas pasaron tan rápido que te quedabas sin saber nada. De repente había policías por todas partes y nos dijeron que formáramos fila y tuviéramos lista nuestra identificación para que nos llevaran afuera”.

La redada no sucedió como se esperaba. El procedimiento de costumbre era poner en fila a los clientes, revisar su identificación y que policías mujeres llevaran a los clientes vestidos de mujer al baño para comprobar su sexo y arrestar a cualquier hombre que estuviera vestido de mujer. Los que iban con ropa de mujer se negaron a ir con las oficiales esa noche. Los demás hombres comenzaron a negarse a mostrar su identificación. Los agentes decidieron llevar a todos los presentes a la comisaría y separaron a las transexuales y travestis en un cuarto en la parte de atrás del bar. Maria Ritter, conocida por su familia como Steve, recuerda: “mi mayor miedo era ser arrestada. Mi segundo mayor miedo era que mi fotografía estuviera en un periódico o reportaje de televisión, ¡con el vestido de mi madre!”. Tanto clientes como policías refirieron que la sensación de incomodidad creció rápidamente, agravada por unos policías que comenzaron a manosear de forma inapropiada a algunas de las lesbianas al cachearlas.

La policía había decidido transportar el alcohol del bar en los coches celulares. Se decomisaron veintiocho cajas de cerveza y diecinueve botellas de bebidas destiladas, pero los coches celulares todavía no habían llegado, por lo que los clientes tuvieron que esperar en fila durante unos 15 minutos. A los que no se arrestó, se les echó del bar, dejándoles en libertad, pero no despejaron el lugar rápidamente como era lo normal. La gente se quedó frente al bar y se formó una muchedumbre de personas que observaban el acontecimiento. A los pocos minutos entre 100 y 150 personas se habían congregado cerca del lugar. Algunos habían salido del bar y otros se acercaron tras ver los vehículos de policía y la muchedumbre. A pesar de que los policías echaron a algunos de los clientes a empujones y golpes, algunos clientes liberados por la policía divirtieron a los espectadores con poses y haciendo el saludo militar de manera exagerada. Los aplausos de los observadores les animaban a seguir: “Las muñecas estaban flojas, los cabellos atusados y las reacciones a los aplausos eran clásicas”.

El Inspector Pine recordó que cuando llegó el primer coche celular, la muchedumbre, formada mayoritariamente por homosexuales, había aumentado superando al menos diez veces el número de personas inicialmente arrestadas, y todos se callaron de repente. Debido a la confusión en las transmisiones de radio, el segundo coche celular se retrasó en llegar. Los policías empezaron a subir a los miembros de la mafia al primer coche y los espectadores vitorearon. Acto seguido, subieron a los empleados corrientes del bar al coche. Uno de los presentes gritó, “¡Poder gay!”, alguien más empezó a cantar We shall overcome (venceremos), a lo que la muchedumbre reaccionó con regocijo y buen humor, mezclado con una “hostilidad creciente e intensa”. Un agente empujó a una transexual y ésta contestó dando un golpe al agente en la cabeza con su bolso mientras los observadores empezaron a abuchear. El escritor Edmund White, que paseaba por el barrio, declaró: “Todos están inquietos, enfadados y decididos. Nadie tiene un eslogan, nadie tiene siquiera una intención, pero algo se está gestando”. La muchedumbre empezó a arrojar monedas y después botellas de cerveza al coche celular, en respuesta al rumor de que los clientes que todavía estaban dentro del bar estaban siendo agredidos.
Se inició una riña cuando una mujer esposada fue escoltada desde la puerta del bar hasta un coche celular. Se zafó repetidamente y luchó contra cuatro policías, insultando y gritando, durante unos diez minutos. Descrita como una “típica marimacho neoyorquina”, había sido golpeada en la cabeza con una cachiporra, tras quejarse de que sus esposas estaban demasiado apretadas, según un testigo. Los presentes recordaron que la mujer, cuya identidad no se conoce, animó a los observadores a luchar cuando miró a los presentes y dijo, “¿Por qué no hacen algo?”. Cuando un agente la levantó y la subió al coche, la muchedumbre se convirtió en una turba y se armó el caos: “Fue en ese momento cuando el ambiente se hizo explosivo”.

“El colmo”

La policía trató de contener a la muchedumbre y derribaron a algunos de los participantes, lo que encendió aún más a los presentes. Algunos de los arrestados se escaparon del furgón cuando la policía los dejó desatendidos (deliberadamente, según algunos testigos). Mientras la muchedumbre trataba de volcar la furgoneta, dos vehículos de policía y la propia furgoneta, que tenía los neumáticos pinchados, se fueron de inmediato y el Inspector Pine pidió a los agentes que volvieran lo antes posible. La conmoción atrajo a más personas que se acababan de enterar de lo que estaba pasando. Algunos participantes declararon que el bar estaba siendo acosado porque no habían pagado a los policías, por lo que alguien más gritó, “¡Paguémosles!”. Las monedas volaron por el aire hacia los policías y los rebeldes gritaron “¡Cerdos!” y “¡Polizontes maricones!”. Arrojaron latas de cerveza y los policías reaccionaron tratando de dispersar la muchedumbre. Los participantes encontraron un sitio en construcción cercano donde había pilas de ladrillos. Los policías, cuyo número era inferior al de los manifestantes, que rondaban entre 500 y 600, agarraron a varias personas, como el cantante de folk Dave Van Ronk, quien había llegado a la revuelta desde un bar vecino al Stonewall. Aunque Van Ronk no era gay, había experimentado la violencia policial cuando participó en las manifestaciones contra la guerra: “Según mi forma de pensar, cualquier persona que se opusiera a los policías estaba bien y por eso que me quedé… La policía cometía constantemente atrocidades de todo tipo”. Diez agentes de policía, entre ellos dos mujeres, se atrincheraron junto a Van Ronk, Howard Smith (un periodista del The Village Voice) y varios detenidos esposados dentro del Stonewall Inn por su propia seguridad.

Varios relatos sobre los disturbios afirman que no había organización previa ni causa aparente para la manifestación y que lo que había ocurrido era totalmente espontáneo. Michael Fader explicó:

Todos teníamos un sentimiento colectivo de que habíamos soportado lo suficiente de esta mierda. No era nada tangible que alguien le hubiera dicho a otro, era algo así como que todo lo que había ocurrido a través de los años se había acumulado en esa noche específica y en ese lugar específico, y no fue una manifestación organizada… Todos en la muchedumbre sentimos que nunca íbamos a volver. Era como el colmo. Era hora de reclamar algo que siempre se nos había arrebatado… Todo tipo de personas, todo tipo de motivos, pero más que nada era total indignación, enfado, pena, todo combinado y como que todo siguió su curso. Era la policía la que hacía la mayor parte de la destrucción. Nosotros realmente estábamos tratando de volver a entrar y escaparnos. Y sentimos que por fin teníamos libertad, o libertad para por lo menos demostrar que exigíamos libertad. Ya no íbamos a caminar sumisamente por las noches y dejar que se metieran con nosotros. Nos mantuvimos en nuestros trece por primera vez y eso fue lo que sorprendió a la policía. Había algo en el aire, libertad que hacía falta hacía mucho tiempo, e íbamos a luchar por ella. Se manifestó en dos formas diferentes, pero el resultado final era que no íbamos a ceder. Y no lo hicimos.

La única fotografía sacada la primera noche de los disturbios muestra a los jóvenes sin techo que dormían en el cercano Christopher Park, luchando con la policía. El boletín noticiero de la Mattachine Society ofreció su explicación de la causa de los disturbios un mes después: “Servía principalmente a un grupo de personas que no eran bienvenidas, o no podían costear la entrada, en otros lugares de reunión social homosexual… El Stonewall se convirtió en casa para estos chicos. Cuando fue atacada, lucharon por ello. Eso, y el hecho de que no tenían nada que perder salvo el lugar más tolerante y de mente más abierta de la ciudad, explican por qué”.

Fueron arrojados contra el edificio contenedores de basura, basura, botellas, piedras y ladrillos, por lo que se rompieron las ventanas. Los testigos afirman que las transexuales, los “maricas con pluma”, chaperos y “chicos callejeros” gais, es decir, las personas más marginadas de la comunidad gay, fueron los responsables de la primera descarga de proyectiles y de arrancar un parquímetro que utilizaron como un ariete contra las puertas del Stonewall Inn. Sylvia Rivera, mujer transexual y posteriormente activista LGBT que había estado dentro del Stonewall durante la redada, vestida de mujer, recordó: “Nos habéis tratado como mierda todos estos años, ¿no? ¡Ahora nos toca a nosotros!… Fue uno de los momentos más grandes de mi vida”. Los manifestantes prendieron fuego a la basura y la tiraron por las ventanas rotas mientras la policía usaba una manguera contra los incendiarios. Como la manguera no tenía presión no servía para dispersar a la muchedumbre y parecía solamente animarla.

Cuando los manifestantes atravesaron las ventanas (que habían sido cubiertas con contrachapado por los propietarios del bar para disuadir a la policía de asaltar el local) los policías que estaban en el interior sacaron sus pistolas. Las puertas fueron abiertas de par en par y los agentes apuntaron con sus armas a la masa furiosa, amenazando con disparar. El escritor de The Village Voice, Howard Smith, que se encontraba en el interior del bar con la policía, tomó una llave inglesa del bar y se la metió en los pantalones, sin saber si la usaría contra la policía o contra la masa. Vio cuando alguien echó un chorro de combustible dentro del bar y le prendió fuego mientras la policía apuntó, en ese momento se escucharon sirenas y llegaron los bomberos. El disturbio había durado 45 minutos.

Escalada

white+night

La fuerza antidisturbios (Tactical Police Force, TPF) del departamento de policía de la ciudad de Nueva York llegó para liberar a los policías que se encontraban dentro del Stonewall. Un oficial tenía un corte en un ojo y otros cinco resultaron heridos por los escombros que volaban. Bob Kohler, que se encontraba paseando a su perro cerca de Stonewall esa noche, vio como llegaba la TPF:
“Había estado en suficientes disturbios como para saber que la diversión había terminado… La policía estaba totalmente humillada. Eso nunca había sucedido. Estaban más enfadados que nunca, porque todo el mundo se había amotinado… se suponía que los maricas no se podían rebelar… en el pasado, ningún grupo había obligado a la policía a batirse en retirada, por lo que su furia era enorme. Quiero decir, querían matar…”.

Con más efectivos, la policía detuvo a los que pudo y metió a los detenidos en coches patrullas rumbo a la prisión, aunque el inspector Pine apunta que “se desataron luchas con los travestis, que no querían ir dentro del coche patrulla”. Un testigo que estaba en la calle confirmó esa versión, diciendo que “todo lo que pude ver sobre quienes estaban luchando es que eran travestis y estaban luchando furiosamente”.

Los antidisturbios se formaron en falange e intentaron despejar las calles marchando despacio y dispersando a la multitud. La turba se burló abiertamente de la policía. La multitud se animó, comenzó a improvisar líneas de cancán y a cantar la melodía del The Howdy Doody Show con la siguiente letra: “Nosotras somos las chicas de Stonewall / Nuestro pelo es rizado / No llevamos ropa interior / Mostramos nuestro vello púbico”. Lucian Truscott informó en The Village Voice: “La situación estancada provocó que algunos gais bromearan, haciendo una formación en forma de coro frente a la línea policial, que iba pertrechada de cascos y porras. Cuando la fila estaba en pleno baile, la TPF avanzó de nuevo y dispersó la masa de personas, llena de poderosos gais que no cesaban de gritar desde Christopher hasta la Séptima Avenida”. Un participante que había estado en el Stonewall durante la redada recuerda que “la policía se abalanzó hacia nosotros y en ese momento me di cuenta de que eso no era bueno, porque me dieron en la espalda con una porra”. Otro relato decía: “Es que no puedo quitarme esa visión de la cabeza. Los policías con porras y la fila del coro en el otro lado. Fue de lo más increíble… Y de pronto esa fila del coro, que supongo era una parodia del machismo… Creo que fue en ese momento cuando sentí ira. Porque la gente estaba siendo golpeada con porras. ¿Y por qué? Por una fila de un coro”.

Craig Rodwell, propietario de la librería Oscar Wilde Memorial (ubicada en la misma manzana del Stonewall Inn, un poco más abajo de la calle) informó haber observado a policías perseguir a manifestantes por las estrechas calles, para luego verlos aparecer por la siguiente esquina detrás de la policía. Los miembros de la masa detenían coches, volcando uno para bloquear la calle Christopher. Jack Nichols y Lige Clarke, en su columna publicada en Screw, declararon que “hordas de manifestantes furiosos los persiguieron [a la policía] por varias manzanas, gritando ‘¡Cogedlos!'”.

Sobre las 4:00 de la madrugada, las calles se habían vaciado casi por completo. Muchas personas se sentaban en escalinatas o se concentraron cerca de Christopher Park a lo largo de la mañana, un poco aturdidos ante lo que había sucedido. Muchos testigos presenciales recuerdan el silencio surrealista e inquietante que descendió sobre Christopher Street, aunque “el ambiente [continuaba] electrizado”. Uno comentó: «Había cierta belleza en los momentos posteriores a los disturbios… Era obvio, por lo menos para mí, que mucha gente era gay de verdad y, sabes, esta era nuestra calle». Habían sido detenidas trece personas. Algunos de los manifestantes fueron hospitalizados, y cuatro policías resultaron heridos. Casi todo lo que había en el interior del Stonewall Inn fue destruido. El inspector Pine tenía la intención de cerrar y desmantelar el Stonewall Inn esa misma noche. Cabinas de teléfono, aseos, espejos, jukeboxes y máquinas expendedoras de tabaco fueron destrozadas, posiblemente en los disturbios y posiblemente por la policía.

“Rebelión abierta”

Durante el sitio a Stonewall, Craig Rodwell llamó al The New York Times, al The New York Post y al The New York Daily News para informarles de lo que sucedía. Los tres periódicos cubrieron los disturbios; The New York Daily News incluso puso la noticia en su primera página. Las noticias sobre los disturbios se extendieron rápidamente por todo Greenwich Village, alimentadas por los rumores de que habían sido organizados por los Students for a Democratic Society, los Black Panthers o incluso que fueron causados por “un policía homosexual cuyo compañero de piso se fue a bailar al Stonewall contra sus deseos”. Durante todo el sábado 28 de junio la gente acudió a ver el Stonewall Inn, chamuscado y pintarrajeado. Aparecieron grafitis en las paredes del bar, tales como “Drag power” (poder drag), “They invaded our rights” (invadieron nuestros derechos), “Support gay power” (apoya el poder gay) y “Legalize gay bars” (legalicen los bares gays), junto con acusaciones de saqueo a los policías e informando sobre el estado del bar: “Estamos abiertos”.

La noche siguiente los disturbios volvieron a la calle Christopher. Los participantes recordarían de distinta manera qué noche fue la más violenta o frenética. Regresaron muchos que habían participado la noche anterior (transexuales, chaperos, jóvenes de las calles, “reinas”), pero se les unieron provocadores policiales, curiosos e incluso turistas. Lo más destacable para muchos fue la repentina exhibición de afecto homosexual en público, tal como describe un testigo: “De ir a lugares en los que había que llamar a una puerta y hablar con una persona a través de una mirilla para poder entrar. Sencillamente estábamos fuera. Estábamos en las calles”.

Miles de personas se reunieron enfrente del Stonewall, que había abierto de nuevo, atascando la calle Christopher, hasta que la marea de gente comenzó a ocupar también las calles adyacentes. La masa rodeó autobuses y coches, molestando a sus ocupantes hasta que admitieran que eran gais o indicaran su apoyo a los manifestantes. Sylvia Rivera vio a una amiga suya saltar encima de un coche cercano que intentaba atravesar la zona, la marea de gente movió el coche de un lado para otro, aterrorizando a sus ocupantes. Otra de las amigas de Rivera, Marsha P. Johnson, trepó a una farola y soltó una pesada bolsa en el capó de un coche de policía, rompiendo el parabrisas. Como en la tarde anterior, se quemaron contenedores de basura por todo el barrio. Más de cien policías acudieron de las comisarías 5, 6 y 9, y sobre las dos de la madrugada se presentó la policía antidisturbios. Se sucedieron las persecuciones policiales y, cuando los policías capturaban a los manifestantes, descritos por la mayoría de testigos como “maricas” o “falderos”, la masa se lanzaba para soltarlos. Hubo una batalla callejera hasta las 4 de la madrugada.

El poeta beat y residente en Greenwich Village Allen Ginsberg, que vivía en la calle Christopher, se encontró con el jubiloso caos. Tras averiguar que los disturbios habían tenido lugar la tarde anterior, dijo, “¡Poder gay! ¡No es fantástico! Ya era hora de que hiciéramos algo para reafirmarnos a nosotros mismos”, y visitó el Stonewall Inn (ya abierto) por primera vez. Mientras regresaba a casa, dijo a Lucian Truscott, “Sabes, los chicos allí estaban tan guapos, habían perdido esa mirada herida que todos los maricas tenían hace diez años”.

“Situación intolerable”

Durante el lunes y el martes siguientes la actividad en el Greenwich Village fue esporádica, en parte debido a la lluvia. La policía y los residentes mantuvieron algunos altercados, ya que los dos grupos no cesaban de enfrentarse. Craig Rodwell aprovechó la oportunidad para imprimir y distribuir cientos de panfletos que decían: “Sacad a la mafia y a los policías de los bares gais”. Los panfletos llamaban a los gais a regentar sus propios establecimientos, a boicotear el Stonewall Inn y otros bares propiedad de la mafia, y apelaban a la opinión pública para que ejerciesen presión sobre el alcalde para que este investigase la “situación intolerable”.
No todos en la comunidad gay consideraron la revuelta como algo positivo. Muchos gais de mayor edad y muchos miembros de la Mattachine Society, que habían trabajado durante la década de los 60 para promover la idea de que los homosexuales no eran distintos de los heterosexuales, consideraron vergonzosa la violencia y la exhibición de conductas afeminadas. Randy Wicker, que había participado en los piquetes delante de la Casa Blanca en 1965, dijo que “las reinas chillonas, creando estribillos y pateando, iban en contra de todo lo que yo quería que la gente pensara sobre los homosexuales… que somos un puñado de drag queens en el Village, actuando de manera desordenada, chabacana y de mal gusto”. Otros entendieron el cierre del Stonewall Inn, considerado un “tugurio inmoral”, como algo positivo para Greenwich Village.

El miércoles, para empeorar la situación, The Village Voice incluyó reportajes sobre los disturbios, escritos por Howard Smith y Lucian Truscott, acompañados de descripciones poco agraciadas de los sucesos y sus participantes: “afeminados” (limp wrists) y “locas domingueras” (Sunday fag follies). Una masa de gente marchó de nuevo por Christopher Street y amenazó con quemar las oficinas del The Village Voice. En esa misma manifestación, de entre 500 y 1.000 personas, se encontraban otros grupos que habían tenido anteriormente enfrentamientos sin éxito con la policía y que tenían curiosidad por ver cómo la policía era derrotada en esta ocasión. Tuvo lugar otra explosiva batalla callejera con igualdad de heridos entre manifestantes y policías, saqueos en las tiendas locales y el arresto de cinco personas. Los incidentes del miércoles por la tarde duraron una hora aproximadamente y fueron resumidos de esta forma por un testigo: “Se ha corrido la voz. Christopher Street será liberada. Los maricas se han hartado de la opresión”.

Repercusiones

La sensación de urgencia se extendió por Greenwich Village, incluso entre aquellos que no habían presenciado los disturbios. Muchos de los que se habían sentido conmovidos por la rebelión asistieron a reuniones organizativas, al intuir una oportunidad para entrar en acción. El 4 de julio de 1969 la Mattachine Society realizó su piquete anual delante del Independence Hall de Filadelfia, llamado Recordatorio anual. Los organizadores, Craig Rodwell, Frank Kameny, Randy Wicker, Barbara Gittings y Kay Lahusen, que habían participado durante varios años, tomaron un autobús junto a otros manifestantes desde la ciudad de Nueva York hasta Filadelfia. Desde 1965 estas manifestaciones habían sido muy controladas: las mujeres llevaban falda y los hombres traje y corbata y todos caminaban tranquilamente en filas organizadas. Ese año Rodwell recordó que se sentía prisionero de las normas que había establecido Kameny. Cuando dos mujeres se cogieron de la mano espontáneamente y Kameny las separó, diciendo: “¡Nada de eso! ¡Nada de eso!”. Rodwell convenció a diez parejas para que se cogieran de la mano. Estas parejas hicieron que Kameny se enfureciera, pero generaron más atención que todas las manifestaciones previas. La participante Lilli Vincenz recordaba que, “Estaba claro que las cosas estaban cambiando. Las personas que se habían sentido oprimidas ahora se sentían revitalizadas”. Rodwell regresó a la ciudad de Nueva York resuelto a cambiar las formas tranquilas, calladas y tímidas de llamar la atención. Una de sus primeras prioridades fue planificar el Día de la liberación de Christopher Street.

Gay Liberation Front

Aunque la Mattachine Society había existido desde la década de 1950, muchos de sus procedimientos resultaban demasiado tímidos para las personas que habían sido testigos de los disturbios o que se habían sentido inspiradas por ellos. La Mattachine reconoció el cambio de actitudes en una historia de su boletín titulada, The Hairpin Drop Heard Around the World (La horquilla cuya caída se escuchó en todo el mundo). Cuando uno de los dirigentes de la Mattachine sugirió una «amistosa y dulce» manifestación de vigilia a la luz de las velas, un hombre entre el público se indignó y dijo, “¡Dulce! ¡Una mierda! Ese es el papel que la sociedad está obligando a desempeñar a estas reinas”. El Gay Liberation Front (Frente de liberación gay, GLF) se creó poco después, con un panfleto que anunciaba: “¿Cree que los homosexuales están amotinados? ¡Puede apostar su lindo culo a que lo estamos!”,98 nota 9 siendo la primera organización gay que empleaba la palabra “gay” en su nombre. Organizaciones previas como la Mattachine Society, las Daughters of Bilitis y diversos grupos homófilos habían escondido sus objetivos, eligiendo intencionadamente nombres ambiguos.

El auge de la nueva militancia se volvió evidente para Frank Kameny y Barbara Gittings (que habían trabajado en organizaciones homófilas durante años y cuya actividad había sido muy pública), cuando asistieron a una reunión de la GLF para ver al nuevo grupo. Un joven miembro de la GLF exigió saber quiénes eran y cuáles eran sus credenciales. Gittings, sorprendida, tartamudeó, “Soy homosexual. Por eso estoy aquí”. La GLF tomó prestadas técnicas de los manifestantes negros y contra la guerra del Vietnam, alineándose con ellos y con su ideal de que “podían trabajar para reestructurar la sociedad americana”. Se sumaron a las acciones de los Black Panthers, fueron hasta la prisión de Nueva York en apoyo de Afeni Shakur y de otras causas de la Nueva Izquierda. Sin embargo a los cuatro meses de haberse creado, el grupo se disolvió cuando los miembros fueron incapaces de llegar a un acuerdo sobre los procedimientos operativos a seguir.

Gay Activists Alliance

Seis meses después de los disturbios de Stonewall, los activistas fundaron un periódico distribuido en la ciudad llamado Gay. Consideraron que era necesario porque la publicación más liberal de la ciudad, The Village Voice, se negaba a imprimir la palabra “gay” en los anuncios del GLF que buscaban nuevos miembros y voluntarios. Se fundaron otros dos periódicos en un periodo de seis semanas: Come Out! y Gay Power, el número de lectores de estos tres periódicos combinados llegó hasta los 20.000 y 25.000.

Los miembros del GLF organizaron varios bailes para parejas del mismo sexo. Cuando Bob Kohler pidió ropa y dinero para ayudar a los jóvenes sin techo que habían participado en los disturbios (muchos de los cuales habían dormido en Christopher Park o Sheridon Square a la intemperie), la reacción fue un debate sobre el declive del capitalismo. A finales de diciembre de 1969, varias personas que habían ido a reuniones del GLF y que las habían abandonado llenos de frustración, crearon la Gay Activists Alliance (Alianza de activistas gays, GAA). La GAA iba a concentrarse por completo en los asuntos gays, de manera ordenada. Su carta constitucional comenzaba diciendo: “Nosotros como activistas homosexuales liberados exigimos la libertad para expresar nuestra dignidad y valor como seres humanos”. La GAA desarrolló y perfeccionó una táctica de confrontación denominada Zap, en la que tomaban por sorpresa a un político durante un acto de relaciones públicas y le obligaban a tratar el tema de los derechos de gais y lesbianas. Se zapeó a muchos concejales de la ciudad, incluyendo al alcalde John Lindsey en varias ocasiones (una de ellas en televisión en la que el público estaba compuesto en su mayoría por miembros de la GAA).

Las redadas en bares gais no se detuvieron tras los disturbios de Stonewall. En marzo de 1970, el inspector Seymour Pine realizó una redada en el Zodiac y en el 17 Barrow Street. Un bar after-hours gay sin licencia para licores o de aforo, llamado The Snake Pit, también sufrió una redada poco después, siendo detenidas 167 personas. Una de ellas, de nacionalidad argentina, se asustó tanto ante la posibilidad de ser deportado por homosexual, que intentó escapar del precinto policial saltando por una ventana desde un segundo piso, quedando su cuerpo atravesado por unas puntas de 36 cm que había en una valla. The New York Daily News publicó una foto muy gráfica del cuerpo atravesado del joven en su portada. Los miembros de la GAA organizaron una manifestación desde Christopher Park hasta la comisaría sexta en la que cientos de gais, lesbianas y simpatizantes liberales se enfrentaban pacíficamente a la TPF. También patrocinaron una campaña de cartas enviadas al alcalde Lindsay en las que el congresista demócrata del Greenwich Village, Ed Koch, rogaba que se terminaran las redadas en bares gays en la ciudad.

El Stonewall Inn sobrevivió unas pocas semanas después de los disturbios. En octubre de 1969 se ofreció en alquiler. Los residentes de Village supusieron que se había convertido en un lugar demasiado notable, además de que el boicot propuesto por Rodwell había hecho mella en el negocio.

Orgullo gay

El primer aniversario de los disturbios de Stonewall se celebró con el día de la liberación de Christopher Street el 28 de junio de 1970, haciendo una reunión en Christopher Street y la primera marcha del orgullo gay de la historia, que recorrió 51 manzanas hasta Central Park. La marcha necesitó menos de la mitad del tiempo previsto debido a las ganas de los participantes, pero también por la cautela a la hora de andar por la ciudad con signos y pancartas gais. Aunque el permiso para la marcha se envió sólo dos horas antes del inicio de la misma, los manifestantes encontraron escasa resistencia por parte de los espectadores. The New York Times informó (en su portada) que los manifestantes ocupaban toda la calle a lo largo de 15 manzanas. The Village Voice informó positivamente de la marcha, describiendo «la resistencia frontal que nació de la redada policial en el Stonewall Inn un año antes».

Se realizaron marchas simultáneas en Los Ángeles y Chicago. El año siguiente se realizaron marchas del orgullo gay en Boston, Dallas, Milwaukee, Londres, París, Berlín Oeste y Estocolmo. En 1972 las ciudades participantes ya incluían a Atlanta, Buffalo, Detroit, Washington D.C., Miami y Filadelfia.

Frank Kameny se dio cuenta pronto del cambio fundamental causado por los disturbios de Stonewall. Al ser un organizador del activismo gay desde la década de 1950, estaba acostumbrado a la persuasión, a intentar convencer a los heterosexuales de que las personas homosexuales no eran diferentes a ellos. Cuando marchaba junto a otras personas delante de la Casa Blanca, el Departamento de Estado o el Independence Hall, tan sólo cinco años antes, su objetivo era que pareciera que podían trabajar para el gobierno de los Estados Unidos. Junto a Kameny marchaban diez personas entonces y no avisaron a la prensa de sus intenciones. Aunque se había asombrado por la agitación de los participantes en el Recordatorio Anual de 1969, más tarde dijo que, “Para cuando lo de Stonewall, teníamos de cincuenta a sesenta grupos gais en el país. Un año más tarde había por lo menos mil quinientos. Dos años después, en la medida en que se podían contar, eran unos dos mil quinientos”.

Randy Wicker describió la vergüenza por su propia reacción al cambio de actitudes tras los disturbios, de manera parecida al arrepentimiento de Kameny, “como uno de los grandes errores de su vida”. La imagen de gais tomándose la revancha contra la policía, tras tantos años de permitir tales comportamientos sin luchar, “desataron un espíritu inesperado entre los homosexuales”. Kay Lahusen, que había fotografiado las marchas de 1965, dijo que “Hasta 1969, este movimiento se llamaba de manera general el movimiento homosexual u homófilo… Muchos activistas nuevos consideran la revuelta de Stonewall como el nacimiento del movimiento de liberación gay. Desde luego fue el nacimiento del orgullo gay a escala masiva”.

Legado

A dos años de los disturbios de Stonewall había grupos en favor de los derechos LGBT en cada ciudad importante estadounidense, en Canadá, Australia y Europa Occidental. Las personas que se unían a las organizaciones activistas tenían poco en común entre ellos, con la excepción de sentirse atraídos por personas de su mismo sexo. Muchos de los que iban a las reuniones de la GLF o la GAA quedaban impresionados al ver tantos homosexuales juntos en un mismo sitio. Con frecuencia surgieron obstáculos tales como la raza, la clase, la ideología y el género en los años posteriores a los disturbios. Un ejemplo fue la manifestación de Stonewall en 1973, cuando, momentos después de que Barbara Gittings alabó la diversidad de los asistentes, la activista feminista Jean O’Leary rechazó lo que percibió como burlas hacia las mujeres por parte de los travestis y drag queens que había en el lugar. Durante el discurso de O’Leary en el que decía que las drag queens se reían de las mujeres por diversión y para ganar dinero, Sylvia Rivera y Lee Brewster saltaron al estrado y gritaron «¡Van a bares gracias a lo que las drag queens hicieron por ustedes y estas putas nos dicen que dejemos de ser nosotras mismas!». Tanto las lesbianas feministas como las drag queens se marcharon disgustadas.

O’Leary también trabajó a principios de la década de 1970 para excluir a los travestis de los temas de derechos gais, al sentir que los derechos de los travestis serían demasiado difíciles de conseguir. Sylvia Rivera abandonó el activismo gay en esa misma década para trabajar en favor de temas que afectaban a las personas transgénero y a los travestis. Sin embargo, los desacuerdos iniciales entre los participantes del movimiento con frecuencia se limaron tras posteriores reflexiones. O’Leary más tarde lamentó su postura contra las drag queens asistentes en 1973: “Echando la vista atrás, me parece tan vergonzoso porque mis opiniones han cambiado tanto desde entonces. No me metería con un travesti ahora”. «Fue horrible. ¿Cómo pude trabajar para excluir a los travestis y al mismo tiempo criticar a las feministas que en aquel entonces hacían todo lo posible para excluir a las lesbianas?». O’Leary se refería a la Lavender Menace (amenaza lavanda), descripción realizada por la feminista de segunda ola Betty Friedan, en su intento de que las miembros de la National Organization for Women (NOW) se distanciasen de las lesbianas del grupo. Como parte de este proceso, Rita Mae Brown y otras lesbianas que habían sido miembros activos de NOW fueron obligadas a irse de la organización. Prepararon una protesta en 1970 en el Segundo Congreso para Unir a las Mujeres (Second Congress to Unite Women) y obtuvieron el apoyo de muchas asistentas de NOW, consiguiendo su aceptación final en 1971.

El auge del feminismo lésbico en los 70, en ocasiones, entraba de tal forma en conflicto con el movimiento de liberación gay, que algunas lesbianas se negaban a trabajar con hombres gais. Muchas lesbianas encontraban las actitudes de los hombres patriarcales y chovinistas, creían que los hombres gais tenían los mismos prejuicios hacia las mujeres que los hombres heterosexuales. Los temas considerados más importantes para los hombres gais, los procesos por incitación al delito por parte de la policía y por prostitución pública, no eran compartidos por las lesbianas. En 1977 se organizó una marcha del orgullo lésbico como alternativa para no compartir los temas de los hombres gais, especialmente lo que Adrienne Rich denominó “el mundo violento y autodestructivo de los bares gais”. La veterana activista homosexual Barbara Gittings eligió trabajar en el movimiento pro derechos gays, razonando que “¿Es cuestión de dónde duele más? A mí me duele más no sólo lo relativo a las mujeres, sino también lo relativo a los gays”.

A lo largo de la década de 1970 el activismo gay obtuvo importantes victorias. Una de las más importantes fue la acción de mayo de 1970, que la GLF de Los Ángeles realizó en el congreso de la American Psychiatric Association (APA). En una conferencia sobre modificación de conducta, mientras se proyectaba una película sobre el uso de la terapia electroconvulsiva para reducir la atracción homosexual, Morris Kight y otros miembros de la GLF interrumpieron la película con gritos de “¡Tortura!” y “¡Barbarie!”. Tomaron el micrófono para anunciar que los profesionales médicos que prescribían dicha terapia para sus pacientes homosexuales eran cómplices de su tortura. Aunque 20 de los psiquiatras que asistían a la conferencia se marcharon, la GLF se reunió durante una hora con los que se quedaron, intentando convencerlos de que los homosexuales no eran enfermos mentales. Cuando la APA invitó en 1972 a los activistas gays a hablar para el grupo, los activistas llevaron a John E. Fryer, un psiquiatra gay que se puso una máscara porque estaba convencido de que su carrera peligraba de otra manera. En diciembre de 1973, gracias en parte a los esfuerzos de los activistas gays, la APA votó unánimemente retirar la homosexualidad del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales.

Gais y lesbianas se unieron para trabajar conjuntamente en organizaciones políticas de base, en respuesta a la resistencia organizada en 1977 en EE. UU. Una coalición de conservadores denominada Save Our Children (Salvad a nuestros hijos) preparó una campaña para revocar una ordenanza de derechos civiles en el condado de Miami-Dade, Florida. Save Our Children consiguió además revocaciones similares en algunas ciudades estadounidenses en 1978. Sin embargo, ese mismo año, fracasó su campaña de California, denominada la Iniciativa Briggs, que pretendía que se despidiera a todos los empleados homosexuales de los colegios públicos. La reacción a la influencia de Save Our Children y la Iniciativa Briggs en la comunidad gay fue tan grande que muchos activistas lo han calificado como “el segundo Stonewall”, marcando el inicio de la participación política.

Rechazo a la subcultura gay

Los disturbios de Stonewall marcaron un punto de inflexión de tal magnitud, que se renegó de muchos aspectos de la subcultura gay y lésbica previa, tales como la cultura del bar creada a partir de décadas de vergüenza y secretismo, que se quiso olvidar. El historiador Martin Duberman apunta que: “Las décadas que precedieron a Stonewall… continúan siendo percibidas por la mayoría de gays y lesbianas como algún tipo de vasto páramo neolítico”. El historiador Barry Adam señala que, “Todo movimiento social debe elegir en algún momento qué debe mantener y qué debe rechazar de su pasado. ¿Qué características son resultado de la opresión y cuáles son auténticas y saludables?”. En consonancia con el creciente movimiento feminista de principios de los 70, los roles de butch y femme, que se desarrollaban en bares de lesbianas en los 50 y 60, fueron rechazados, por considerar que: “todos los juegos de rol son enfermizos”. Las feministas lésbicas consideraban el papel masculino (butch) en las lesbianas como una arcaica imitación de la conducta masculina. Según Lillian Faderman, algunas mujeres deseaban deshacerse de los papeles que se habían visto forzadas a adoptar. Sin embargo, algunas mujeres volvieron a adoptar estos papeles en los 80, aunque permitían mayor flexibilidad que antes de Stonewall.

El autor Michael Bronski subraya el “ataque a la cultura pre-Stonewall”, especialmente existente en los libros pulp para gais, donde los argumentos frecuentemente reflejaban ambivalencia en su identidad gay u odio hacia sí mismos en los protagonistas. Muchas historias terminaban de forma insatisfactoria y drástica, generalmente con suicidio, y los escritores presentaban a sus protagonistas gais como alcohólicos y profundamente infelices. Estos libros, que Bronski describe como «un tipo de literatura ingente y cohesiva, de y para hombres gais», no han sido reeditados y se han perdido para las generaciones siguientes. Bronski rechaza que la razón fuera mera corrección política y afirma que “la liberación gay fue un movimiento de jóvenes cuyo sentido de la historia estaba definido en gran medida por un rechazo del pasado”.

Impacto posterior

Los disturbios que se sucedieron en el bar fueron un ejemplo explícito de la lucha de gais y lesbianas, además de una simbólica llamada a las armas para mucha más gente. El historiador David Carter subraya en su libro sobre los disturbios de Stonewall que el bar en sí podía representar muchas cosas (un centro comunitario, una casa, una oportunidad para la mafia para chantajear a sus propios clientes e incluso un lugar de “explotación y degradación”), pero que el verdadero legado de los disturbios de Stonewall es “la lucha por la igualdad de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales”. El historiador Nicholas Edsall escribió:Stonewall se ha comparado con muchos actos de protesta y desafío radical en la historia de América como el motín del té. Pero la comparación más acertada es cuando Rosa Parks se negó a sentarse en un asiento para negros del autobús de Montgomery, Alabama, en diciembre de 1955, lo que originó el movimiento pro derechos civiles moderno. Meses después de Stonewall surgieron grupos radicales de liberación gay y revistas en numerosas ciudades y campos universitarios de América y después en el norte de Europa. Los historiadores Dudley Clendinen y Adam Nagourney describieron cómo eran los homosexuales antes de la rebelión del Stonewall Inn:

Eran una legión secreta de personas, conocida, pero pasada por alto, ignorada, de la que se reían o era despreciada. Y como poseedores de un secreto, tenían una ventaja, que era una desventaja también, a diferencia de otros grupos minoritarios de Estados Unidos. Eran invisibles. A diferencia de afroamericanos, mujeres, nativos americanos, judíos, irlandeses, italianos, asiáticos, hispanos o cualquier otro grupo cultural que luchaba por el respeto y la igualdad de sus derechos, los homosexuales no tenían marcas físicas o culturales, ni un idioma ni dialecto común que pudiera identificarles entre sí… o ante los demás. Pero esa noche, por primera vez, esa aquiescencia habitual se convirtió en resistencia violenta… Desde esa noche, la vida de millones de gays y lesbianas, y la actitud hacia ellos de la cultura mayoritaria en la que vivían, cambió rápidamente. La gente empezó a aparecer en público como homosexuales exigiendo respeto.

La historiadora Lillian Faderman llama a los disturbios “un disparo que se escuchó en todo el mundo”, explica, “la rebelión de Stonewall fue crucial porque supuso la concentración del movimiento. Se convirtió en un emblema del poder de gais y lesbianas. Al llamar a drásticas tácticas de protesta violenta como hacían otros grupos oprimidos, los sucesos de Stonewall sirvieron para indicar a los homosexuales que tenían tantas razones para sentires insatisfechos como los demás”.Joan Nestle, que fundó los archivos Lesbian Herstory Archives en 1975, reconoce el mérito de la “creación a esa noche y el valor que encontró su voz en las calles”. Sin embargo se mostró cautelosa a la hora de atribuir el comienzo del activismo gay a los disturbios de Stonewall:Con certeza no creo que la historia de gays y lesbianas empezara con Stonewalll… y no creo que la resistencia comenzara con Stonewall. Lo que sí veo es una unión histórica de fuerzas, y los sesenta cambiaron la forma en que los seres humanos soportaban las cosas en esta sociedad y lo que se negaban a soportar… Sin duda ocurrió algo especial esa noche de 1969 y lo hemos hecho aún más especial en nuestra necesidad de tener lo que llamo un punto de origen… Es mucho más complejo que decir que todo empezó con Stonewall.

Los sucesos de la madrugada del 28 de junio de 1969 no fueron el primer enfrentamiento de los homosexuales con la policía, ni en Nueva York, ni en otros lugares. Ya había habido disturbios en la cafetería Compton’s en 1966 y en la Black Cat Tavern de Los Ángeles por una redada en 1967. Sin embargo, diversas circunstancias convirtieron en memorables los disturbios de Stonewall. La ubicación del lugar lo favoreció, con calles estrechas que daban ventaja a los manifestantes sobre la policía. Además, muchos de los participantes y residentes de Greenwich Village pertenecían a organizaciones políticas y pudieron movilizar a una comunidad gay grande y cohesionada en las semanas posteriores a las revueltas. Pero la faceta más destacable de los disturbios de Stonewall fue su propia conmemoración, que se convirtió en los eventos anuales del Día Internacional del Orgullo LGBT.

A mediados los noventa, la inclusión de los bisexuales en la plataforma de la Marcha sobre Washington para Igualdad de Derechos y Liberación de Lesbianas, Gays y Bisexuales de 1993, marcó la incorporación de los bisexuales en el movimiento. La comunidad transgénero seguía teniendo problemas con la comunidad gay, ya que, por un lado se sentían bienvenidos, pero también seguían en desacuerdo sobre las prioridades en las reivindicaciones y la desatención de sus preocupaciones. En 1994, en Nueva York, se celebró “Stonewall 25”, una marcha que pasó por la sede de las Naciones Unidas hasta entrar en Central Park. Se estimó que participaron 1,1 millones de personas. Sylvia Rivera lideró una marcha alternativa como protesta por la exclusión de las personas transgénero de estos acontecimientos. La asistencia a los eventos del Día del Orgullo Gay ha ido creciendo sustancialmente en las últimas décadas. La mayoría de las ciudades estadounidenses tienen algún tipo de manifestación de Orgullo, al igual que las ciudades más importantes del mundo. De hecho, las manifestaciones del Día del Orgullo Gay son la mayor concentración anual global de cualquier tipo. Aunque la creciente comercialización de los desfiles (con carrozas patrocinadas por empresas) ha causado cierta preocupación por perder la autonomía que tenían las manifestaciones originales, que sólo dependían de los activistas.

En junio de 1999 el Departamento del Interior de los Estados Unidos designó al 51 y 53 de Christopher Street, la calle misma y las adyacentes como Hito Histórico Nacional, la primera de estas distinciones relacionada con acontecimientos de la comunidad LGBT. En la ceremonia de inauguración, John Berry, ayudante del secretario del departamento de interior, declaró: “Que recordemos para siempre que aquí, en este lugar, hombres y mujeres estaban orgullosos de sí mismos y se mantuvieron firmes, para que podamos ser lo que somos, trabajar donde queramos, elegir donde vivir y a quien amar”.

Un nuevo movimiento, denominado Stonewall 2.0 en honor a los disturbios originales, ha surgido entre la nueva generación de gays y lesbianas estadounidenses, que se enfrentan a retos tales como la Proposición 8 y la prohibición de servir abiertamente en el ejército. El 1 de junio de 2009 el Presidente Barack Obama declaró junio como el mes del Orgullo Gay, Lésbico, Bisexual y Transgénero, citando los disturbios como razón para “comprometerse por la igualdad ante la ley para los estadounidenses LGBT”. Ese año se cumplía el 40º aniversario de los disturbios, lo que motivó a la reflexión a periodistas y activistas sobre los progresos realizados desde 1969. Frank Rich, de The New York Times, señaló que no existía ninguna ley federal que protegiera los derechos de los gais estadounidenses. Un editorial en el Washington Blade comparó el violento activismo durante y después de los disturbios de Stonewall con la escasa respuesta actual ante las desigualdades aún existentes. Para conmemorar este aniversario, se realizaron actos y celebraciones por todo el mundo.