¿Porqué los hombres buscamos travestis?

Recientemente fui por primera vez a Sao Paulo, Brasil. La que se supone es una de las ciudades claves del movimiento travesti-transexual y sus variadas manifestaciones.

Iluso de mí: pensé que podría darme tiempo para ver in-situ estas bellezas y corroborar lo que tanta prensa, comentarios en blogs, admiradores y fans comparten acerca de ellas. El trabajo y traslados me tuvo tan absorbido que cuando caí en cuenta de nuevo estaba en el aeropuerto de Guarulhos haciendo mi cola para el regreso a Lima.

Aburrido como estaba mientras esperaba el dichoso vuelo, quise sacarme el clavo al menos “virtualmente”, y me puse a hacer averiguaciones vía internet acerca de géneros. Encontré un artículo picante e interesante de un tal Iván Martins (mucho gusto), publicado el 29 de octubre del 2009, acerca de un libro dedicado al tema travesti. Libro que no tengo y que queda como tarea conseguir, leer, y luego compartir con los colegas.

El texto original está en portugués. Con la ayuda del Google Translator (gracias a quien corresponda), y con mi mano maestra de por medio por supuesto, lo he traducido, le he dotado de algún estilo, y me ha quedado de la rechuchesumay…

A continuación lo comparto con Uds. porque me da la gana. Y porque hay que echar a andar este blog de una vez. Y si lo piratean, por lo menos háganme la caridad de poner la fuente. No se pasen de conchudos.

Sé que parece una contradicción empezar un blog que se llama “Perutravesti” con un artículo acerca de lo que ocurre en otra ciudad, otro país, otros ámbitos? Pero caramba, antes que me hagan leña. ¿no se supone que somos todos miembros de la misma aldea, que la interconexión humana es inmediata, y que no existen “culturas” si no una sola, con diferentes matices, facetas y grietas?

¡Entonces, que pase el desgraciado!… Y el desgraciado soy yo…

¿POR QUÉ LOS HOMBRES BUSCAN TRAVESTIS?

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Mente Abierta

Marcia es una travesti de clase media de São Paulo. “Los hombres que salen conmigo son heterosexuales que quieren probarlo todo”.

Mendes tiene 37 años, la cabeza rapada y un pendiente en su oreja derecha. Por sus modales y apariencia, este chico blanco de una familia evangélica no es diferente de otros millones de jóvenes paulistas, excepto por un detalle importante: es el marido de Flavia, una travesti. Se conocieron hace cinco años en el centro de São Paulo y, desde entonces, han sido pareja. Una semana atrás, sentado junto a Flavia en la sala de su apartamento en Rua General Osório, Mendes nos explicaba, con voz cautelosa, el fundamento de su relación. “Nuestra relación es hetero”, nos dijo, queriendo decir que en durante el sexo él es el componente viril de la pareja, mientras Flavia juega el papel de mujer. “Pero entre nosotros no solo se trata de sexo. Nos amamos, y cuidamos el uno del otro”. De cabellos negros y cuerpo estilizado, Flavia se gana la vida prostituyéndose en las calles. Él, por su parte, trabaja como vendedor callejero.

Lo que nos revela Mendes, sin explicarlo, es uno de los grandes misterios de la sexualidad moderna: la seducción ejercida por travestis. Desde mediados de los 70s, cuando las travestis surgieron en las esquinas de las metrópolis brasileñas ataviadas con diminutas faldas, y senos exuberantes, estas criaturas “híbridas” han logrado conquistar un gran espacio en el imaginario sexual del país. Día tras día miles de hombres deambulan por sombrías avenidas en busca de comprar el placer que ofrecen esos cuerpos alterados. El riesgo para ellos se hizo evidente el 2009 cuando Ronaldo Nazario, uno de los futbolistas brasileños más famosos del mundo, se vió involucrado en un escándalo que tuvo además como co-protagonistas tres travestis de Río de Janeiro. Él era parte de un grupo hospedado en el hotel Papillon, y en la madugada, se peleó con una de las travestis, Andreia Albertini. Todos terminaron en la comisaría, de donde luego la historia se hizo conocida mundialmente. La avalancha moral que se desencadenó luego sobre Ronaldo no ayudó a responder a la pregunta más simple planteada por el episodio: ¿por qué hombres adultos, y hasta famosos, arriesgan su seguridad y su reputación buscando travestis?

El antropólogo estadounidense Don Kulick pasó un año viviendo con travestis en Salvador, y sabe mucho de sus vidas cotidianas y preferencias íntimas. Pero no se atreve a plantear una explicación acerca de quiénes son los clientes. “Es una gran incógnita. Aunque acompañé a travestis cada noche, no fui capaz de identificar el perfil de un cliente típico “, dice. El libro de Kulick, profesor en la New York University, fue publicado por Editorial Fiocruz en portugués a mediados del 2009, titulado “Travestis: Prostituição, Sexo, Gênero e Cultura no Brasil” (Travestis: Prostitución, Sexo, Género y Cultura en Brasil). Kulick consigue una descripción bastante exacta de lo que los clientes requieren de los travestis. Durante un mes, pidió a cinco ellas que registraran al tipo de servicio que les solicitaron. El resultado de las 138 respuestas: 52% de los clientes querían sodomizar, 19% requirieron sexo oral, 18% quería hacer lo que se suele llamar “troca-troca” en portugués (trueque, o penetrar y ser penetrado), 9% pagaron por ser sodomizados, y 2% por ser masturbados. “No es significativo que el 27% de los hombres de esta muestra quisiera ser penetrado por travestis”, escribe Kulick. “Estos hombres no son la mayoría, contrariamente a lo que los travestis suelen decir”.

De confiar sólo en lo que dicen las travestis, el porcentaje de clientes que se comportan como homosexuales pasivos sería alto. “Nueve de cada diez hombres quieren ser penetrados por nosotras”, nos había dicho Flavia, la pareja de Mendes. “Si la travesti no está bien dotada y no es sexualmente activa, no podrá ganarse la vida en la calle”. ¿Exageración? Tal vez. Similarmente a las prostitutas mujeres, las travestis tienen una relación antagónica con aquellos que pagan por usar sus cuerpos. Muchas no soportan asumir el papel de activos que les exigen, o lo tienen que hacer con grandes dificultades pues no tendrían otra forma de ganarse la vida. Y se vengan de su situación degradante con la misma arma que la sociedad utiliza para humillarlas: cuestionar la virilidad de sus clientes, o ridiculizarlos.

El psiquiatra Sérgio Almeida trabaja con travestis en São José do Rio Preto, en el interior de São Paulo. Su experiencia confirma en cierta medida la versión de Flavia. La difícil tarea de Almeida es distinguir entre travestis -definidos como los hombres que gustan de actuar y sentir como mujeres – y transexuales , las que se sienten mujeres atrapadas dentro de cuerpos masculinos. Para estos se recomienda la cirugía de cambio de sexo. Para las travestis, la cirugía sería equivalente a una mutilación, y las puede conducir al suicidio. Almeida destina dos años con cada una de sus pacientes antes de decidir en cual de las dos categorías encaja. “Desde 1997, hemos realizado 95 cirugías, y no se presentó ningún problema”, afirma. El seguimiento post-operatorio del psiquiatra mostró que las travestis operadas son frecuentemente abandonadas por sus parejas luego que pierden sus órganos masculinos. Y aquellas que insisten en continuar prostituyéndose, pierden su cartera de clientes. Algo importante se pierde entonces durante la cirugía. “No es correcto que los hombres buscan travestis porque se parecen a mujeres”, dice. “Ellos quieren algo más que las mujeres no tienen”.

Transgresión

Los propios involucrados tienen opiniones diferentes. Un lector anónimo de epoca.com.br afirma que, básicamente, los travestis son la mejor opción sexo-econômica. Dice: “he salido con muchos travestis. Lo que me atrajo físicamente de ellas fue precisamente mi afición por los grandes traseros y senos. Al ir a la cama con una travesti consigo a bajo precio una mujer de apariencia y físico que jamás podría pagar, o conquistar. ” Marcial la travesti de Sao Paulo con la que abrimos este artículo, rechaza cualquier intento de análisis de los hombres con los que sale voluntariamente. “Para mí, los hombres que salen con travestis son heterosexuales de mente amplia, abiertos a aceptarlo todo”, dice. Abogado, casado y padre de una niña, dice que tiene el impulso de vestirse y actuar como una mujer desde su infancia, y que no le ha impedido tener relaciones normales con mujeres: “Cuando salgo con un hombre, él es lo de menos. Lo que en realidad me interesa es fortalecer mi identidad de mujer”.

El misterio en torno a los hombres que buscan travestis es proporcional a la ignorancia de tenemos de las propias travestis. Como grupo poblacional, han sido escasamente estudiados: no se tiene idea de cuántos son en el mundo ni en Brasil. Líderes de organizaciones de travestis estiman 5,000 o 6,000 solo en Río de Janeiro, y una cantidad mucho más grande -se habla de 30,000- en São Paulo. No hay ciencia que apoye estas estimaciones. Se sabe que hay travestis desde Porto Alegre a Manaus, incluso en ciudades pequeñas. Se tiene la impresión, entre los que se ocupan del tema, que Brasil es el líder mundial -y el principal exportador hacia los países europeos, especialmente Italia y España. “Brasil tiene la mayor población del mundo de travestis y el mayor número de travestis per cápita”, afirma Kulick. Se trata de una opinión muy bien informada, pero es al fin y al cabo sólo una opinión. Líderes de organizaciones de travestis como Keila Simpson, presidenta de Articulação Nacional de Travestis e Transexuais, plantean que el censo incluya preguntas para cuantificar los diferentes grupos sexuales en el país. “¿Cómo se pueden implementar políticas públicas para una población de tamaño desconocido?”, dice.

La palabra clave cuando se trata de dar una explicación a la atracción ejercida por las travestis, parece ser la ambigüedad. Ellas son percibidas simultáneamente como hombres y mujeres, una incongruencia que se agita en las profundidades de la psiquis humana. “La travesti provoca deseo como provoca asco”, afirma la psicoanalista carioca Regina Navarro Lins. Otra psicoanalista, Maria Rita Kehl, ve dos razones para la fascinación por las travestis. La primera es que, al ser una mujer con pene, captura los rezagos de fantasías sexuales infantiles. La otra razón es que las travestis encarnan la feminidad de una manera absoluta, que las mujeres contemporáneas ya no aceptan asumir. “Sólo una travesti sabe ser tan femenina como lo quiere las fantasías de algunos hombres”, dice Maria Rita. “Si alguien sabe lo que es ser “una mujer de verdad ” (ficción masculina) es precisamente una travesti. Las mismas travestis son categóricas al afirmar que sus clientes buscan en ellas la diferencia: una mujer con pene, una fantasía, un riesgo. “La transgresión es esencial. Lo prohibido atrae”, afirma Marjorie, travesti con 20 años de experiencia en las calles, y que ahora trabaja en la Secretaría de Asistencia Social de la Prefectura de Rio de Janeiro. “Las cosas que se dicen acerca de los hombres que salen con travestis son leyendas machistas.”

Se cierne sobre esta discusión una palabra que los psicoanalistas detestan: patología. Sí, las personas tienen el derecho inalienable a tener y mantener relaciones sexuales con quien quieran, siempre y cuando exista consentimiento mutuo. Dicho esto, la pregunta es: ¿está bien de la cabeza un hombre casado (como parece ser la mayor parte de los clientes de travestis) que abre la puerta de su auto en la entrada del Jockey Club de Sao Paulo, y paga 40 reales (aproximadamente 20 dólares) por una horas de relaciones sexuales con un hombre que parece ser una mujer? Los expertos no tienen una respuesta unánime.

Los liberales dicen que el deseo es el deseo, y no se puede explicar ni reprimir. Aceptémoslo. “Entiendo que los hombres que sólo se realizan sexualmente con travestis pueden no haber resuelto correctamente su orientación sexual”, dice Maria Rita Kehl. “Pero considerar que todos los que gustan de travestis son homosexuales acobardados es un deducción pre-juiciosa”. En el otro extremo, se habla de sufrimiento y confusión detrás de esta particular forma de placer. “Para algunos hombres es patológico”, afirma el psicoanalista Oswaldo Rodrigues del Instituto Paulista de Sexualidad. “Muchos lo hacen por impulso de autodestrucción.”

Hay quienes no son capaces de hacer frente a su propio deseo por otros hombres. Hay quienes tratan de cumplir con su “función social” en el cuerpo feminizado del travesti. Hay de todo, y no todo es la fiesta del deseo que la modernidad recomienda implícitamente. ¿Dónde está el límite? En el dolor. Según el psiquiatra Ronaldo Pamplona da Costa, con más de 30 años de experiencia terapéutica, muchos hombres que salen con travestis lo hacen en estado de sufrimiento. Esto es lo que dice al respecto la psiquiatra Carmita Helena Abdo, quien coordina el Proyecto de Sexualidad del Instituto de Psiquiatría de los Hospitales y Clínicas de Sao Paulo: “Si las personas practican sexo responsable, no están sufriendo y no me buscan. No quiero regular la vida de nadie “. (Revista Epoca, 02/07/2008)

La afirmación “al igual que las prostitutas, las travestis tienen una relación antagónica con los que pagan por usar su cuerpo. Muchas no soportan ejercer un papel varonil que se les exige como prostitutas, y lo hacen con sufrimiento, pues no encuentran otra manera de ganarse la vida. Toman revancha de su degradante situación usando la misma arma que la sociedad utiliza para humillarlas: cuestionan la virilidad de sus clientes y los ridículizan” parece estar por completo equivocada. Más allá de la explicación del psiquiatra Sérgio Almeida, podemos ver que el error en los casos de travestis que solo actúan de forma pasiva y se quejan de su poca demanda es precisamente debido a este factor: los hombres buscan travestis que también actúan activamente. Y la lógica dice que si un hombre quiere siempre actuar en foma activa, no hay mucha razón para no buscar una esposa. Parece que buscar una travesti combina mejor con el deseo de actuar pasivamente.

One thought on “¿Porqué los hombres buscamos travestis?

  1. Yo odio la palabra travesti, transexual encaja más. Me prostituyo por necesidad, porque no se hacer otra cosa.
    Empecé siendo menor de edad, ahora tengo 28 años.

    En estos últimos 5 años se ha dado un cambio en la clientela… se vuelven maricones, quieren ser follados…

    Lo gracioso es que luego van de machos, que no tienen nada que ver con el mundillo gay.. .y son de lo peor por negar su realidad… se buscan una novia para fingir.

    Yo espero operarme a los 30 y dejar esto por lo menos en gran parte ya es agobiante soportar maricones que te tratan como a un hombre disfrazado

    Te exigen que eyacules, yo no puedo llevo con hormonas 10 años… todos quieren lechita… todos quieren ser penetrados… y quieren que cobremos una miseria…

    Nuestros cuerpos sufren más la prostitución ya que si somos penetradas tampoco es muy sano hacerlo todos los días.

    Te hacen sentir como una cosa… aunque me da risa que dejen su vida “normal” para meterse en este mundillo, porque no están conformes con la vida heterosexual.

    Además pagar por sexo es de persona desequilibrada, nosotras tenemos nuestros problemas pero estos clientes son peores. Porque nosotras no jodemos a nadie, son ellos quienes nos buscan… con novia, con esposa, con hijos y hacen sexo sin protección.

    Hay que estar medio loco para pasarse el día viendo porno y anuncios de chicas hasta que no pueden más y van a ver a una…. TODOS Los días metidos viendo anuncios….

    Joder, que hagan una vida normal ellos que pueden.

    Yo espero poder llevar vida de chica normal cuando me opere, ya que entiendo que tener pene genere rechazo… un hombre quiere una vagina… no quiere una mujer, quiere una vagina….

    Poder usar ropa de chica sin preocuparme si se nota o no un bulto…. dejar de sufrir con los clientes que me tocan donde no quiero, clientes o cualquier otro hombre.

    Yo vivo en España, aquí los hombres son muy hipócritas, son bien maricones pero negados… todos con su novia o esposa…

    Algunos son más afeminados que un gay… gimen como locas… se meten los dedos en el culo, te quieren apoyar el culo en los genitales… se hacen las chicas… a mi me dan asco.

    Por qué no se ponen tetas y se dejan de joder? O se buscan un novio que los penetre?

    Por qué buscar a una persona femenina, que toma hormonas y está cambiando de sexo?

    Es incoherente… yo lo veo a´si…. buscan la figura femenina, porque les causa menos trauma… aunque en el fondo quieren un hombre, por eso buscan el pene.

    Yo cuando era adolescente no dejaba que nadie me tocara, pero fue llegar a España y tener que joderme…

    A veces sufro por la soledad, no tener un hombre que me quiera… pero de que sirve si ni a las mujeres las respetan? Van por ahí a chupar culos, vaginas, penes de travestis…

    Yo no quiero una relación así, prefiero sola o con amigas, las amigas son un gran apoyo.

    Cuando salgo ligo mucho eso si, se me acercan muchos hombres.

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