Travestis: Una Opinión

Cal Y. Pigia es un autor de historias eróticas de alguna notoriedad en el mundillo del internet. Ignoro si es hombre o mujer, blanco o chino, homo o hetero. El asunto es que gran parte de su producción se decanta por temas donde los protagonistas son transexuales.

Por eso, cuando encontré este artículo de opinión, al toque quise compartirlo ya que puede resultar interesante, como en efecto resultó en mi caso.

El texto se escribió originalmente en inglés. Aquí lo hemos traducido para compartirlo.En todo caso que quede claro que mi chamba aquí ha sido meramente de intérprete.

Travestis: Una Opinión

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Andróginos, shemales, travestis, transexuales, transgéneros, trannys, trans, “chicas con extras”, “chicas con yapa”, tracas, travas – hay un montón de nombras, demasiados, para “chicas” con penes. Como cada vez que se presenta una novedad, es útil – mejor aún, obligatorio – definir términos y conceptos. Tal como se utiliza en este artículo, reservaremos “transexual” para los transgéneros no-operados que decidieron que su anatomía es lo suficientemente femenina para renunciar a la cirugía de reasignación o cambio de sexo, optando por mantener sus genitales masculinos. Estas personas, que se puede discutir no son ni totalmente hombres ni mujeres, son de algún modo las criaturas más atractivas de nuestro universo. Para los que creemos que es así, es necesaria una explicación, pues la atracción sexual por travestis (más fuerte, intensa y duradera que la atracción por cualquiera de los dos sexos tradicionales) no es usual, y es cada vez mayor.

¿Qué hace tan atractivas a estas “chicas con yapa”?

Obviamente, la incongruencia de su apariencia femenina en lo fisonómico, anatómico, emocional, emparejado con genitales masculinos, es sorprendente y hasta maravilloso, y por lo tanto fascina en un mundo en que cada vez menos personas, lugares y cosas destacan… en el que las personas, al igual que los objetos, son cada vez más estándar, y por lo tanto, invisibles. En ese mundo es donde los transexuales llaman la atención.

Sin embargo, el asombro inspiran puede transformarse súbitamente en todo lo contrarioi. De hecho, es probable que hay más hombres que se sienten a disgusto frente a los travestis que los que los aceptan. Si los transexuales representan un tercer sexo, es evidente que no todos los hombres (o mujeres) lo aceptarán. La mayoría prefiere mantener las cosas como están.

Los transexuales sugieren que un hombre que imita a una mujer puede ser todo lo que hace atrayente a esta: ser comprensiva, amable, deseable, sensible, tierna, etc. Hacen sospechar que dentro de todo hombre hay una mujer esperando salir (o de ser al fin ella misma). Psicológicamente hablando, los travestis implican que no es correcto hablar de una teoría bisexual de la personalidad humana: hay un componente femenino en la masculinidad, al igual que hay una dimensión masculina en la feminidad. Sexo y género no serían los polos opuestos que supuestos especialistas y observadores de la naturaleza humana creen identificar y dan por hecho. La existencia humana es mucho más compleja de lo que sugieren los órganos genitales o las características sexuales secundarias, aunque por regla general la gente tiende a preferir lo simple a lo complejo, negro o blanco al gris. Los varones quieren que los hombres sean hombres y las mujeres mujeres, y las mujeres quieren que las mujeres sean mujeres y los hombres hombres. Así las cosas son sencillas, sin espacio a confusión respecto a sus propias acciones, actitudes, creencias, sentimientos, identidad, expectativas sociales, roles, y otras mil áreas relacionadas con la existencia y el comportamiento individual y colectivo. La vida ya es bastante difícil aún con las reglas claras. Los transexuales amenazan estas definiciones, interpretaciones y reglas, que no sólo gobiernan los comportamientos, sino que también les dan significado.

Entonces la gran interrogante persiste: ¿a qué se debe que ciertas personas (al parecer varones en su gran mayoría) encuentran a las travestis o transexuales irresistiblemente atractivas, e incluso las prefieren a las mujeres?

Hay mucho más de lo que parece a simple vista, al menos inicialmente. Para algunos ellas son una “sorpresa”. Otros dicen que representan “lo mejor de ambos mundos”. No son mujeres. Aparentan ser mujeres. Son el tipo de “mujeres” que prefieren los hombres a quienes nos les gustan las mujeres de verdad, es decir a los que en realidad les gustan los hombres… que parecen mujeres. Sin embargo estos hombres no admitirán que prefieren los hombres a las mujeres. Menos aceptarán, ni aún a sí mismos, su homosexualidad, porque tal reconocimiento significaría que son menos que los demás hombres y les presentaría un dilema emocional y psicológico de aceptación y rechazo a su propia masculinidad, un sentimiento ambivalente acerca de quién y qué son. Cuando el objeto de su deseo tiene cabello largo, hermoso rostro, maquillaje y vestimenta femenina, sensuales y redondas nalgas, piernas depiladas, y apariencia de senos, les será más fácil aceptar los genitales masculinos que les acompaña. Podrán justificar entonces su atracción por la transexual diciéndose a sí mismo que esta bella y femenina criatura NO es un hombre. El transexual puede no ser exactamente una mujer, pero, claramente, NO es un hombre – al menos no completamente. Es un él-ella, un travesti, un transexual, un tercer sexo que es a la vez hombre y mujer y, al mismo tiempo, paradójicamente, tampoco hombre ni mujer.

A pesar de esta paradoja, los hombres prefieren pensar en las travestis como mujeres, no como hombres, y por lo tanto consideran a estas criaturas como “chicas con algo extra”, “chicas con yapa”, antes que como varones con tetas.

En una última instancia, los travestis son la negación de la feminidad. No pueden concebir ni tener hijos. Legalmente no pueden ser madres ni viudas (1). A lo sumo pueden ser compañeras – de diversión antes que parejas – hechas para el momento, no para construir una familia; para el sexo, no para hacerse responsables de ellas. Sus manos, bocas y anos son sus vaginas sustitutas, y si asumen el papel de varón, su semen es incapaz de inseminar (2). Más aún, al salir con un transexual, un hombre no está obligado a explorar lo femenino de ella y su propio interior, ya que no está saliendo con una mujer de verdad sino una sustituta, un “travesti”. La mujer que tiene al frente es una mujer fabricada. Como tal, ella es una garantía de esterilidad, la seguridad contra las responsabilidades morales y jurídicas que implicarían convertirse en padre. Para una mujer real, a pesar del uso adecuado de la píldora, siempre existe alguna posibilidad que pudiera quedar embarazada; con un transexual no hay tal posibilidad y, por lo tanto ningún riesgo de paternidad y las obligaciones consiguientes. Sólo sexo y diversión con alguien de aspecto similar a una mujer. “Lo mejor de ambos mundos” no es sólo senos y genitales masculinos en la misma anatomía, alterada médica y tecnológicamente, también es la negación total del propósito natural de la feminidad, verificado y confirmado cada vez que un pene es manipulado por sus manos o penetra su boca o su ano en vez de dentro de una vagina, y su propio pene, fláccido o en erección, permanece inactivo y superfluo.

Dejando a un lado el propósito biológico de la mujer, un travesti – un hombre que se transforma imitando a una mujer – puede objeto de deseo, porque entonces es sólo el sexo lo que cuenta. Los transexuales son parte de la atracción por la aventura que en Estados Unidos se conoce como “cultura de la muerte” o “cultura muerta.” Como tal, son tan sexys como el fruto prohibido que tentó a Adán en el Jardín del Edén. Son un desafío para dios o la naturaleza, por así decirlo, sugiriendo que un travesti puede ser igual o mejor pareja con quien un hombre puede establecer y mantener una relación personal, social y sexual – sin involucrar la reproducción. Por lo tanto, la búsqueda de un transexual, más que de una hembra, desafía el mandato divino que exige a los hombres “sed fecundos y multiplicaos”, y la base reproductiva propia de las relaciones entre hombre-mujer.

Pese a las apariencias, un transexual no es una mujer. Es una contradicción, la materialización de la ambivalencia y la ambigüedad. Ostensiblemente es un tercer sexo, alternativo que, fusiona sexo y género y los trasciende a ambos. Ellas, las “chicas con extras” (pero sin vagina), son en última instancia, la negación y el rechazo de la feminidad. En eso radica su mística, su carisma y su atractivo para aquellos que las admiran y se regocijan en sus encantos.

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Nota (1): esta situación puede haber cambiado desde la fecha en que fue publicado este artículo.

Nota (2): no hay evidencia médica a lo expresado acerca de este tema.

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