Kathoeys & Ladyboys

Tailandia es un pais asiático. Su capital es Bangkok, y su clima es tórrido la mayor parte del año. Hasta ahí la lección de geografía. Ahora vamos a lo nuestro.

La población de Tailandia es de alrededor de 65’000,000 de individuos. 180,000 de tales personas se cree que son “kathoeys”, según la estimación de Sam Winter de la Universidad de Hong Kong. ¡Nada menos que 180,000! ¡La población en conjunto de Lince, Jesús María y San Isidro!

¿Y qué diablos significa la dichosa palabrita, que tiene sonido de ingrediente de chifa de la calle Capón?

Mezclamos las versiones en inglés y español de Wikipedia, con algunos retoques de nuestra parte:

Kathoey

Kathoey

“Kathoey” o “katoey” (“hada” o reina”) designa a la persona cuyo aspecto externo era el de un hombre y ha pasado a tener apariencia de mujer en Tailandia. Es decir, es el término usado en este país para designar a los travestis y a las transexuales. También se denominan “ladyboys”. Los tailandeses los consideran pertenecientes a un “tercer sexo” o, más poéticamente, “otra manera de ser mujer”.

Las kathoeys o ladyboys se consideran a sí mismas mujeres en un cuerpo que se les dio por error, o sea, prisioneras en un cuerpo de hombre. Acorde a estudios, en la gran mayoría de casos empiezan desde muy temprana edad (7-8 años). Muchas empiezan a tomar hormonas desde adolescentes (11-12 años) para obtener características femeninas tales como voz, curvas y facciones redondeadas y menos marcadas.

En Tailandia pueden conseguir hormonas, legalmente o sin prescripción, en cualquier farmacia. Algunas, al reunir suficiente dinero, se colocan implantes de silicona para tener busto, se reducen o eliminan la manzana de Adán, etc. Incluso para lograr una completa feminidad pueden optar por hacerse una vaginoplastia, al ser relativamente baratas (alrededor de US$3,500).

Las kathoey se pueden encontrar en varios sectores de la población, ya que la cultura budista de Tailandia da un alto valor a la tolerancia. Usando la noción del karma, los tailandeses creen que las kathoey tuvieron una vida pasada de trasgresión, por lo cual no se les debe culpar, si no más bien tener compasión.

Aunque sujetas a discriminación de género, algunas trabajan en las muchas fábricas de Tailandia, o desempeñan oficios predominantemente femeninos, que van desde artistas de cabaret, meseras en bares, cafés, y restaurantes, dependientas en boutiques, maquilladoras o estilistas en salones de belleza, empleadas en agencias de viaje o centros turísticos, masajistas, prostitutas, etc.

No existe reconocimiento legal para los kathoey en Tailandia. Inclusive después de la cirugía de reasignación genital, no se les permite cambiar su sexo legal (masculino a femenino). Pertenecen a menudo a las clases sociales más bajas, y su tasa de suicidios es perceptiblemente más alta que la de la población en general, sin embargo notablemente muchas modelos, cantantes y estrellas de cine de Tailandia son kathoeys.

Desde el golpe de estado en Tailandia el 2006, las kathoeys esperan una nueva constitución en que se les designe como un tercer sexo en sus pasaportes y otros documentos, e incluso admitirlas como mujeres si han pasado la cirugía de reasignación genital.

Pattaya

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Pattaya es una ciudad en la costa de Tailandia a dos horas de Bangkok.

Pattaya tiene parte de su reputación como destino turístico, debido a la industria del sexo y de la vida nocturna resultante, y en muchos aspectos la ciudad se ha convertido en lo que es ahora debido a esto.

La prostitución en Tailandia es técnicamente ilegal, pero la realidad demuestra que es tolerada, como es el caso de Pattaya con su gran número de bares go-go, salones de masajes, saunas y hoteles por horas, que sirven a los turistas extranjeros, así como a los locales. Esto es frecuente en la calle peatonal, así como otras áreas de la ciudad.

Pattaya tiene también el mayor escenario gay de Asia, en torno a Boyztown y Sunee Plaza. La ciudad es también famosa por su extravagante kathoey cabaret, dónde transexuales y travestis realizan perfomances.

Es en Pattaya donde transcurre la vida de la bellísima Kat, una kathoey o (ladyboy) que nos cuenta su historia. En el blog http://mividacomomariel.blogspot.com encontré este texto, pero desgraciadamente el original (en tailandés) se ha perdido, o hasta ahora no logré ubicarlo. Lo he corregido un poco y arreglado para hacer más amigable su lectura.

Kat

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Hola. Soy Kat. Mido 1,65 m. Soy delgada, femenina, sexy. Además soy una ladyboy tailandesa.

Quiero hablar sobre qué es ser una ladyboy o kathoey para que las personas tengan una mejor percepción acerca de nosotras.

Ahora tengo 24 años y vivo en Bangkok. No tengo ni quiero tener operación alguna, que es lo primero que me preguntan.

Hay varias clases de ladyboys. Eso depende de hasta dónde quiere una llegar siendo una niña. Algunas son felices con sólo vestirse, comportarse y ser tratadas como una mujer, y no quieren alterar su cuerpo en modo alguno. Otras toman hormonas femeninas (estrógenos) o combinaciones de fármacos que contienen estrógenos y drogas que producen el crecimiento de pequeños pechos y pezones, el cambio de la voz, la reducción del vello corporal, y la distribución en forma más femenina de la grasa de su cuerpo. Cuando se toman estos productos durante un largo período de tiempo, se produce también la reducción del pene. Estos tratameintos no reducen el vello facial. Para depilarlos es necesario varias sesiones de electrólisis.

Entre las ladyboys, algunas que toman hormonas se hacen implantes mamarios, y otras que no las toman sí se hacen los implantes.

Luego están las ladyboys que deciden recorrer todo el camino y efectuar su transición completa a mujeres. Se someten al tratamiento con hormonas, se hacen implantes mamarios, e incluso la reconstrucción genital. Pero por lo general la mayoría de las ladyboys conservan su pene, pero gozan de hacer sexo con hombres.

Para mí, Kat, es suficiente con vestirme como mujer. No deseo alterar mi cuerpo en modo alguno. Técnicamente soy conocida como “pre-op ladyboy”, mientras que alguien que se ha operado es conocida como “newhalf”.

Casi todas nosotras somos gays (bueno, probablemente todas lo somos) pues nos gustan los hombres. Aunque me he encontrado con algunas que les gustan tanto hombres mujeres. Todavía no he conocido ladyboys a las que les gusten sólo mujeres.

Desde que tengo memoria siempre supe que era una ladyboy. Cuando era pequeña recuerdo que mi familia siempre me llamaba “kathoey”. En la cultura tailandesa somos aceptadas por algunas familias, pero en otras no. Cuando yo hablaba, lo hacía en femenino. En la mayoría de las familias tailandesas hay una kathoey, y a veces hay dos hermanos (o debería decir hermanas) kathoey.

Me pregunto por qué Tailandia tiene tantas ladyboys/kathoeys en comparación con otros países. Realmente lo ignoro. Es todo un fenómeno de éste país. Quizás algo en nuestra agua (algunos científicos dicen que tal vez haya demasiado estrógeno, la hormona femenina, en el agua potable).

La mayoría de mis amigas ladyboys se han mudado aquí, a Bangkok o a Pattaya. Y por lo general se van con hombres por dinero y diversión. A veces podemos encontrar un buen hombre que se quedará con nosotras durante unas pocas semanas, o meses incluso. Pero no permanecen por mucho tiemo en Bangkok pues tienen su vida en otro país. La mayoría de los hombres que se acercan a nosotras las ladyboys son heterosexuales; muchos tienen esposa o novia, y ni siquiera sus mejores amigos saben que les gustan las ladyboys.

Por supuesto, no todas nos vamos con cualquier hombre sólo por dinero. Depende de cada chica. Una bella y convincente ladyboy como yo puede elegir, y sólo me voy con un hombre si lo encuentro atractivo. Que nosotras nos vendamos a los hombres no significa que no disfrutemos del sexo. Una vez más, depende de cada persona. Algunas pueden venderse tanto como reciban propuestas de sexo por dinero. Otras lo harán sólo una vez a la semana, o a la quincena, o incluso una sola vez al mes.

Cuando un hombre tiene relaciones sexuales con una ladyboy es fácil comprobar si ella goza o no. No somos como las mujeres, donde todo puede ser fingido. Muchas ladyboys disfrutan realmente del sexo. Es verdad. Nos gustan los hombres. Nos atraen sexualmente los hombres. Sobre todo los hombres heterosexuales. Y a pesar que somos pagadas, disfrutamos tener relaciones sexuales. ¡A una ladyboy le es imposible tener un falso orgasmo!

Algunas de mis amigas han sido afortunadas y encontraron un buen hombre que se ocupó de ellas durante años. Otras no se preocupan por lo que puedan obtener de un hombre, pues lo que buscan es un compañero.Pero ellos pueden sentirse presionados. Les preocupa salir y ser vistos en público con una de nosotras, y sólo quieren vernos en privado para tener sexo.

Algunas ladyboys desean ser tratadas exactamente como mujeres: salir de paseo, a discotecas, al cine, de compras, y divertirse como novio y novia. Sin embargo, he comprobado que la mayoría de los chicos se acomplejan de ser vistos con una ladyboy.

Las más bellas ladyboys pueden hacer mucho dinero si lucen convincentes, sexys y seductoras, ya que los hombres (a los que les gustan las shemales o t-girls) se lanzan sobre ellas como salvajes. Muchas trabajan en los bares de Nana Plaza, Tailandia Soi 4, y también hacen sesiones de fotos para sitios porno de internet, o sesiones fotográficas privadas. Ellas tienen cierto grado de fama. A veces son reconocidas en la calle por los admiradores de las ladyboys. En otras ocasiones los turistas se les acercan y les preguntarán si son “tal” (el alias que usan en los sitios web). Algunas trabajan en más de un sitio web y tienen dos o tres alias.

Hoy en día las más famosas casi ni se molestan en ir a los bares o discotecas que solían frecuentar ya que los sitios web incluyen sus detalles de contacto y usualmente tienen hombres turnándose para reunirse con ellas. O encuentran un compañero, o un hombre rico que se las lleva por lo general a América o Europa.

No todas las ladyboys somos así. Algunas realmente somos chicas agradables buscando el amor verdadero, tener un trabajo, y no ir tras los hombres. Es difícil de lograrlo. Algunas solo hacen sesiones de fotos pero no se venden. Incluso hay muchas ladyboys que prefieren trabajar en la calle como carteristas. Por todo esto es muy difícil definir con exactitud a las ladyboys o kathoeys. Debe tenerse una mente abierta, y no clasificarnos a todas con el mismo sello.

Yo trabajo durante el día en un salón de belleza, y los fines de semana me gusta salir y conocer algún chico con quien divertirme y tener sexo. Me gustan los europeos, americanos, canadienses y australianos. No muy viejos o demasiado grandes. Pero en mi corazón realmente deseo encontrar un hombre bueno, que cuide de mi, con quien divertirnos juntos y hacer cosas normales como cualquier pareja de novios. Sé que eso nunca sucederá, pues la estadía de los extranjeros aquí es siempre por unas pocas semanas.

Cuando salgo, casi siempre termino yendo a casa con algún chico que nunca antes estuvo con una ladyboy. Normalmente salgo una vez a la semana.

La mayoría de los chicos sólo quieren llevarnos a su hotel o apartamento para tener sexo, lo cual no es malo si él es occidental y guapo. Yo disfruto mucho cuando me dicen que es la primera vez que están con una ladyboy (lo que hace que me excite y disfrute el primer beso, y que el sexo sea realmente intenso). Sin embargo, la mayoría de las veces después de gozar, me ven como si fuera un paquete, me dan unos billetes y me piden que me vaya.

Me parece gracioso que en la mayoría de los países desarrollados los hombres no se avergüenzan de ser gays y de salir con sus parejas, o de decirles a sus amigos y familiares que son homosexuales y presentarles su pareja. Pero parecen avergonzados de salir con una ladyboy. La mayoría de las veces, cuando un chico me saca a pasear, me pide que no hable y que actúe como una mujer real. Se ven en apuros cuando, por ejemplo, un taxista les dice algo como “oh, usted es turista y le gustan las ladyboys, ¿no?”. Es una escena que me ha sucedido muchas veces.

Kat

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