Terrorismo: Violencia y Homofobia

Han pasado casi 21 años desde que empezó la debacle de Sendero Luminoso (SL) con la captura de su líder Abimael Guzmán, y 20 años del encarcelamiento de Víctor Polay Campos, ideólogo y jefe máximo del Movimiento Revoluconario Túpac Amaru (MRTA). Ambos movimientos, revolucionarios en el papel, si bien divergentes en cuanto a la ideología, compartieron métodos de terror, asesinatos, discursos fanáticos. Ambos movimientos tuvieron en común un discurso de odio a las opciones de género (LGBT). Es curioso cómo los extremos se tocan: el punto de vista revolucionario “progresista” se da la mano con la opinión católica vigente. SL y MRTA llevaron su discurso a la práctica de acuerdo con sus métodos fanáticos y violentos.

“Víctimas de discriminación y abusos, unos 500 transexuales y homosexuales fueron asesinados por las guerrillas Sendero Luminoso y MRTA durante la guerra interna (1980-2000) en Perú”, declara el Movimiento Homosexual de Lima.

Será imposible confirmar nunca la cifra. El número no nos dice mucho, pero si identificamos con nombre y apellido a tales víctimas, nuestra visión indiferente y hasta cierto punto conformista o fatalista cambiará inevitablemente. Es necesario recordarlos para evitar que la sociedad incurra nuevamente en los mismos errores.

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En el Tomo II, páginas 432 y 433, del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (ver versión PDF en este link), se lee acerca del accionar del MRTA:

El 31 de mayo de 1989, un grupo de seis integrantes del MRTA ingresó violentamente al bar conocido como las ‘Gardenias’ en el Asentamiento Humano «9 de Abril» de la ciudad de Tarapoto, departamento de San Martín. Los subversivos aprehendieron a ocho ciudadanos a los que acusaron de delincuencia y colaboración con las Fuerzas Armadas y Policiales.

Las ocho personas, que eran travestis y parroquianos del bar, fueron asesinadas con disparos de armas de fuego. A los pocos días, el semanario «Cambio», órgano oficioso del MRTA, reivindicó la acción156 como una decisión del grupo subversivo debido a que las fuerzas del orden supuestamente amparaban «estas lacras sociales, que eran utilizadas para corromper a la juventud».

Los miembros del MRTA activos en la ciudad de Tarapoto hicieron similar apología de la masacre a través de mensajes en las radioemisoras locales. El semanario, al mismo tiempo, mencionaba un crimen similar ocurrido en febrero, cuando el MRTA ejecutó «a un joven «homo» muy conocido en Tarapoto». La Comisión de la Verdad y Reconciliación ha recibido un testimonio que corrobora este crimen y señala que el cuerpo de la víctima fue abandonado con un cartel que decía «Así mueren los maricones».

El semanario «Cambio» justificaba los hechos alegando que los subversivos habían condenado en febrero las actividades de «todo homosexual, drogadicto, ratero, prostituta» y les había instado a que «enmienden su vida», pero que las víctimas «olvidaron el ultimátum», por lo que el MRTA decidió demostrar «que no advierte en vano». Según esta justificación, los actos del MRTA se debían a que ninguna autoridad «hacía algo por evitar una negativa influencia en la población juvenil» y evitaban cumplir un supuesto deber de castigar a estas personas debido a su orientación sexual: «¿Por qué el MRTA tiene que castigar a delincuentes comunes si existe una Policía Nacional que tiene por misión velar por la seguridad ciudadana?».

El Movimiento Homosexual de Lima (MHOL) ha denunciado que crímenes similares ocurrieron en el departamento de Ucayali entre mayo y julio de 1990, cuando tres travestis fueron también asesinados por el MRTA. Ha señalado también que en 1992, los dirigentes del MHOL recibieron amenazas telefónicas de dicha organización subversiva.

Las ocho personas asesinadas en Tarapoto, de acuerdo a distintas fuentes, fueron César Marcelino Carvajal, Max Pérez Velásquez, Luis Mogollón, Alberto Chong Rojas, Rafael Gonzales, Carlos Piedra, Raúl Chumbe Rodríguez y Jhony Achuy159. En la época en que estos crímenes se cometieron, el mando regional del MRTA era Sístero García Torres, quien luego se acogería a la ley de arrepentimiento.

La comisión de estos condenables asesinatos, su reivindicación explícita por parte del MRTA y el hecho de que esta línea de acción de terror se mantuviera a lo largo de un lapso de tiempo considerable, permiten afirmar que el grupo armado en cuestión tenía una conducta intolerante, que buscaba legitimarse ante la población, estimulando los prejuicios sociales contra la homosexualidad; y que buscaba crear un sentimiento de zozobra entre las personas pertenecientes a minorías sexuales.

El informe no recoge testimonios acerca de la homofobia de SL, sin embargo su accionar en ese campo está documentado:

El 6 de agosto de 1986 Sendero Luminoso ejecutó a 10 “indeseables” homosexuales en Aucayacu. El 12 de septiembre de 1988 exterminaron a 8 “cabros, prostis y fumones” frente a periodistas en La Hoyada. Sendero también solían cortarle el pene a las travestis y gais antes de asesinarlas.

¿Se ha hecho justicia con estos crímenes? ¿La sociedad ha tenido la misma actitud de reparación como lo ha hecho con otras víctimas de esos años de terror?

La única persona reparada en el proceso post-CVR ha sido Fransua, muerta en manos del MRTA en el marco de su búsqueda sistemática de personas homosexuales para asesinarlas y demostrarle a la sociedad que podía exterminar a quienes consideraba “lacras sociales”.

1 sola víctima transgénero “reparada” de al menos 500 caídas por el mismo causal. La sociedad civil eligió olvidar a estas víctimas de esos años que vivimos en peligro. ¿Cuál es la lectura de esta nueva discriminación asolapada?

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José Montalvo y Manuel Herrera, del Colectivo Raíz Diversidad Sexual publicaron hace ya algunos años un más que interesante documento acerca de este tema “Crímenes de Homofobia en el Contexto de la Violencia Política en el Perú: 1980-2000”. La versión electrónica la encuentran en este link. La transcribimos al completo pues se corre el riesgo que en algún momento desaparezca, pues está alojado en el viejo servicio de Geocities:

El presente trabajo se inició a mediados de 2003 cuando Manuel Herrera (Comunicador Social) y José Montalvo (Sociólogo), ambos fundadores de Raíz Diversidad Sexual y vinculados a la Comisión de la Verdad, fuimos convocados al local del Movimiento Homosexual de Lima (MHOL) para elaborar un texto que a nombre de los movimientos de la diversidad sexual deberíamos elevar a la Comisión de la Verdad para la inclusión de un acápite sobre minorías sexuales en el Informe Final sobre la violencia política en el Perú (1980-2000). Es en este momento que ambos nos involucramos personalmente en la investigación de los crímenes de odio en el contexto del conflicto armado interno, elaboramos un informe inicial que enviamos a la Comisión de la Verdad, posteriormente con la publicación del Informe Final y la aparición de nuevos indicios hemos podido ahondar en el tema y vemos con satisfacción que este trabajo inicial ha motivado al movimiento LGTB (Lesbianas, Gays, Trans y Bisexuales) a incluir en su agenda el tema de la memoria colectiva.

Recuperar nuestra historia, generar memoria colectiva, rescatarnos del olvido; es parte de un proceso en el cual la Sociedad tome conciencia de las múltiples deudas que tienen, sin ello es imposible la reconciliación. La Comisión de la Verdad y Reconciliación en su informe final sobre la violencia política entre 1980 – 2000, propone la necesidad de poner énfasis: “En reparaciones simbólicas, el rescate de la memoria y la dignificación de las víctimas”, es por ello que resulta necesario el promover acciones que generen una memoria colectiva relacionada con los crímenes cuyo móvil fue el odio hacia las personas homosexuales. En algunos testimonios en relación de estos crímenes, los testigos nos plantean que en muchos casos la población apoyó los mismos o los miró con indiferencia; En este sentido la reparación no solamente debería tener un carácter emblemático o simbólico sino que se debe articular en un conjunto de estrategias para prevenir los crímenes cuyo móvil es el odio hacia las personas travestis y homosexuales, una iniciativa importante sería la de promover: “El día de la memoria colectiva de los crímenes por odio”; fecha para la reflexión sobre la necesidad de recuperar la memoria, la de identificar a las víctimas y la de generar propuestas de prevención; este es el sentido del presente artículo.

I. BUSCANDO PISTAS:

Como sabemos nuestra memoria es selectiva y muchos sucesos pasan al olvido, ya sea porque los consideramos poco relevantes o decidimos suprimirlos por salud mental. Cuando evocamos y recordamos lo hacemos en un presente y con la expectativa de que ello nos sea útil para el futuro, es decir no recordamos en vano sino que nuestro recuerdo siempre cumple una finalidad, en este sentido la memoria colectiva es rememorar nuestra historia de manera que podamos ir construyendo apuestas de futuro.
Hace dos años en el contexto de mi participación en el equipo de investigadores de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, me fui enterando de una historia poco conocida y para nada recogida por la ‘historia oficial’, aquella que era contada por los medios de comunicación en la época de la dictadura de Alberto Fujimori. Me refiero a la historia de las personas que fueron torturadas, desplazadas o asesinadas a causa de su orientación sexual o identidad de género, de las cuales ni siquiera tenemos un número estimado ya que para el ‘relatos oficiales’ de La violencia política, nunca habían existido.

En diversos lugares del país, especialmente en zonas de la selva, los actores de la violencia política; hostilizaron, maltrataron e incluso asesinaron a personas por el simple hecho de ser visiblemente homosexuales. En muchos casos se trataron de acciones concebidas como ‘profilaxis social’, que consistían en generar las condiciones para la expulsión de la persona homosexual de su comunidad. En otros casos se trató de crímenes de odio y homofobia, particularmente crueles por el grado de ensañamiento con las víctimas; la mayoría de estas historias están olvidadas y muchos prefieren que se mantengan así.

II. SENDERO LUMINOSO EN AUCAYACU Y PUCALLPA

Aucayacu: 6 de agosto de 1986.

Aucayacu, se ubica en la Provincia de Leoncio Prado en la zona nororiental del Perú, en este lugar Sendero Luminoso inicia una presencia temprana entre 1980 y 1981, la misma que se mantendría hasta aproximadamente 1992, sin embargo es entre los años de 1986 y 1989 que la zona sufre el impacto de la violencia generalizada, en la cual según el Informe de la Comisión de la Verdad la cantidad de muertes solamente fue superada por las registradas en Ayacucho. El 6 de agosto de 1986, la población de Aucayacu, Sendero Luminoso decide realizar una acción de “limpieza social” que buscaba erradicar a los “indeseables” del pueblo, es de este modo que captura y posteriormente ejecuta a diez personas, entre hombres homosexuales y mujeres en estado de prostitución. La motivación para estas acciones de erradicación de “indeseables” fue parte de una política que buscaba el control total sobre el territorio y las personas, además de afianzar la sensación de orden y autoridad derivados de la instalación de los denominados “comités populares”, organismos controlados por el Comité Regional del Huallaga de Sendero Luminoso. Estas acciones producen el temor generalizado entre la población homosexual y travesti, por lo cual se generan desplazamientos forzados hacia zonas más seguras del país.

Pucallpa: 12 de Septiembre 1988.

Entre 1985 y 1990, en la región de Ucayali ubicada en la selva del Perú, Sendero Luminoso decide extender su política de limpieza social teniendo como objetivo eliminar a lo que ellos denominaban “cabros” (homosexuales), “prostis” (trabajadoras sexuales) y “fumones” (drogodependientes). Uno de estos hechos fue conocido gracias a que algunos periodistas fueron testigos del mismo, es así que al amanecer del 12 de septiembre de 1988 en el sector de “La Hoyada” al noreste de la ciudad de Pucallpa (Ucayali), una columna de senderistas apareció con ocho personas y ante la presencia de algunos periodistas locales, los ejecutó con disparos de ametralladora, el motivo que expusieron para tal asesinato fue que los mismos eran “cabros, fumones o prostis”; los periodistas relatan que los cadáveres fueron sepultados en una fosa común y nadie reclamó sus cuerpos. Sin embargo las investigaciones realizadas por la Comisión de la Verdad revelan que estos no fueron los únicos hechos y que se sucedieron episodios similares pero nunca se supo la identidad de las víctimas ya que los cadáveres eran arrojados a los ríos, estas campañas de “limpieza” o “eliminación de indeseables” fueron apoyadas por un sector de la población que veía como positivas estas criminales acciones. Un dato realmente dramático es que en muchos casos tanto era el estigma que los propios familiares no recogían el resto de los ejecutados.

Los “indeseables” para Sendero Luminoso.

Por los datos obtenidos podemos afirmar que en el caso del grupo maoísta Sendero Luminoso existió una estrategia de eliminación y desplazamiento de las poblaciones que consideraba “indeseables”, considerando como tales a trabajadoras sexuales y personas homosexuales. Esta estrategia encuentra su fundamento en la percepción de la existencia de un gran eje ordenador, el denominado “Pensamiento Gonzalo” derivado de la particular interpretación de Abimael Guzmán sobre el marxismo y en espacial los escritos de Mao Tse Tung. Sobre este último debemos recordar que existía el libro de citas del “Presidente Mao” donde podíamos encontrar pequeños fragmentos que “guiaban” el conjunto de las acciones humanas, desde los aspectos relacionados con el quehacer político o económico hasta el enamoramiento y las relaciones de pareja. Es por ello que no resulta raro que Sendero Luminoso desde una interpretación ortodoxa del maoísmo sintiera la tentación de ser el gran ordenador del conjunto de las acciones humanas en las zonas donde tenía influencia política y militar. En este sentido podemos hablar de un fundamentalismo ideológico en Sendero Luminoso, ya que este grupo concebía que sus ideas tenían validez universal por tanto podían ser exigibles e impuestas a los demás. Este aspecto fue más visible en las zonas donde el senderismo pudo ejercer el poder político o militar (como el caso de Aucauyacu) con el cual buscó no solamente la adhesión política a su proyecto militar sino aspiró a ejercer el control sobre el conjunto de las actividades humanas, incluido dentro de ellas a la sexualidad, en la cual se irrogó la capacidad de determinar lo que consideraban “incorrecto”, “anormal” o “indeseable”.

El silencio y el prejuicio.

Pero estos crímenes no solamente pueden ser explicados por el fundamentalismo de Sendero Luminoso sino también por el contexto cultural, los mandatos de la sexualidad dominante y el prejuicio contra la sexualidades no heterosexuales, es por ello que el propio Informe de la Comisión de la Verdad nos habla del silencio y la complicidad por parte de la población, los cuales incluso en algunos casos veía con simpatía el trato cruel, los castigos y asesinatos del cual fue objeto la población homosexual y travesti. En este sentido las muertes, tratos crueles y desplazamientos forzados no solamente fueron responsabilidad de Sendero Luminoso sino también de la propia sociedad que presa de sus prejuicios veía como natural el hecho que se le diera un trato inhumano al diferente. Si bien la violencia hizo aflorar los sentimientos más primarios de odio y discriminación, sin embargo la culminación de la misma no es garantía de que los mismos hallan sido superados, en muchos casos hemos sido testigos de casos similares a los relatados y que pasan desapercibidos al ser considerados como parte de la violencia común. Es todavía largo el camino hacia la superación de los enormes desencuentros que desnudó la violencia política, pero un primer paso es el mantener la memoria de lo sucedió, ser conscientes que existe una agenda pendiente con respeto a muchos grupos excluidos y que allí hay una enorme responsabilidad que debemos encarar.

III. EL CASO DEL MRTA EN TARAPOTO:

En el marco de las indagaciones sobre los crímenes contra personas homosexuales durante el conflicto armado interno; tuvimos acceso a algunas versiones electrónicas (vía web o e.mail) que justificaban el accionar del MRTA en Tarapoto y en especial al suceso ocurrido en “Las Gardenias”. En todas las versiones recogidas se acepta la autoría del MRTA sobre los asesinatos, pero sin embargo se niega que el móvil fuera la orientación sexual de las víctimas, en todo caso una pregunta lícita que no podemos hacer es hasta qué punto tenemos niveles de homofobia interiorizados los cuales podemos exteriorizar de la manera más cruel en contextos como los que se produjeron durante el conflicto armado interno. En una de las versiones recogidas podemos notar que pese a que han pasado más de quince años aún se mantienen frescos los sucesos ocurridos la madrugada del 31 de mayo de 1989:

“Si estamos hablando del mismo caso, entonces tenemos que remontarnos al año de 1989 en el mes de mayo y situarnos en la selva peruana como bien refieres, en el departamento de San Martín, en la provincia de Tarapoto, en el pueblo joven “9 de abril” donde 8 individuos fueron sancionados luego de ser sacados a viva fuerza de un prostibulo que llevaba el nombre de las “Gardenias” y llevados al Jr. Manco Inca de dicho asentamiento donde lo inevitable ocurrió.”

En este primer párrafo podemos apreciar como de manera fría se relata el asesinato que para el autor era “inevitable”, a las víctimas se les llama de manera despectiva, “individuos”, posteriormente sugiere un primer juicio moral cuando indica que el lugar de donde fueron secuestrados era un “prostibulo”. Esto quedará más claro cuando indica las razones del asesinato de las ocho personas homosexuales:

“Como resultado de la voluntad popular expresado en las asambleas de los diferentes asentamientos y no de blanquitos venidos de la ciudad recubiertos en un halo de romanticismo revolucionario y guerrillero sino por los hijos y pobladores de esa tierra cansados de esta banda de delincuentes prontuariados que cometían crímenes, robos, violaciones, narcotráfico y desapariciones en colusión con las fuerzas policiales y militares que recibían “jugosos cupos” y prestándose como soplones y delatores de dirigentes populares que habían asumido consecuentemente la organización de la autodefensa contra el terrorismo de Estado del gobierno aprista y del estado de emergencia declarado en la zona.”

En principio intenta desplazar la responsabilidad de los perpetradores (el MRTA) hacia un ente más abstracto, es por ello que afirma que la decisión fue producto de la voluntad popular, expresadas en asambleas y que dicho acto es solamente la consecuencia de los múltiples crímenes que supuestamente cometieron las víctimas en complicidad con las fuerzas armadas y policiales. En realidad es probable que efectivamente el MRTA hubiera convocado a reuniones con pobladores, sin embargo las mismas solamente sirvieron para justificar la decisión de cometer el asesinato, y una pregunta pertinente es que teniendo en cuenta los prejuicios y la estigma que existe contra la población homosexual, este acto en realidad fue simbólicamente un intento de castigar a la homosexualidad, es entonces que las víctimas solamente habrían sido el vehículo por medio del cual se materializa el castigo hacia una conducta considerada aberrante. Esto último comienza a ser evidente en los párrafos posteriores:

“Pese a la advertencia que se les hizo desde el mes de febrero mediante volantes en que recogía las denuncias de la población que incluso pedía sanción a las autoridades corruptas, se les insto a dejar sus actividades ilícitas y no sufrir las consecuencias por atentar contra la población infantil y juvenil por lo contrario arreciaron con mas fuerza la agresión contra la población generalizando el pánico y la zozobra, lo que genero el triste final.”

Primero se hace alusión a las advertencias que el MRTA les hizo en febrero; importante tener en cuenta, porque en febrero de 1989 el MRTA como parte de sus “advertencias”, asesinó a una persona, la cual era homosexual, y este hecho generó efectivamente que población travesti de Tarapoto, iniciara desplazamientos hacia otras zonas del país. Este hecho es bastante recordado hasta ahora por algunas travestis que residen en la ciudad de Iquitos, a donde llegaron huyendo de la persecución que el MRTA realizaba en la ciudad de Tarapoto. Lo que es peor, en muchos de estos testimonios se afirma que un sector de la población mostraba indiferencia e incluso apoyo frente a este tipo de asesinatos. Y en la cita vamos encontrar un conjunto de prejuicios socialmente aceptados sobre la población homosexual. Esto es claro cuando se indica que las víctimas habían atentado contra la población infantil y juvenil; allí es clara la idea de concebir al homosexual como el “pedófilo y corruptor”. Y en la cita queda clara la idea de pedofilia asociada a la homosexualidad. Y de lo que estamos hablando no es solamente de la historia del conflicto armado interno, sino de ideas que se siguen expresando en la actualidad, para mencionar un caso, hace unos meses cuando se discutía la posibilidad de una resolución de las Naciones Unidas sobre la no discriminación por orientación sexual. La congresista Fabiola Morales, de la derechista Unidad Nacional, nos advertía del peligro de proteger a los homosexuales de la discriminación, ya que ello alentaba a la pedofilia, pese a lo descabellado del argumento, este fue respaldado por los integrantes de la Comisión de Salud del Congreso; y si leemos los argumentos de la señora Morales, estos no distan mucho de los que se usaron para justificar los crímenes del MRTA:

“Entre los meses de marzo y abril del presente año, se desarrollará la sesión número 60 de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en la cual se someterá a votación de los países miembros la propuesta de resolución sobre los derechos humanos y orientación sexual efectuada por Brasil, con lo cual se pretende introducir a los arrendamientos jurídicos un concepto respecto del cual no hay una definición unánime y consensuada y que puede comprender incluso a las tendencias sexuales como la pedofilia y demás desviaciones penadas por nuestro ordenamiento jurídico.”

Como podemos observar con preocupación el tono de alarma frente a los peligros de las conductas consideradas “desviadas” y la necesidad de proteger a los niños de las mismas, es recurrente en todos los discursos de odio hacia la población homosexual. Pero regresemos al tema del crimen de odio que se produjo en 1989. En el mismo texto podemos apreciar que en repetidas veces se afirma que el tema de la homosexualidad no fue el motivo del asesinato, debemos tener en cuenta que el texto es escrito casi quince años después de los sucesos, por tanto para el sentido común de la época actual resultan menos “aceptables” los crímenes de odio, es por ello que se ensayan diversas justificaciones para ocultar la homofobia compulsiva:

“No replico para defender al MRTA ya que no hace falta, pues en documentos de dicha organización, hecha publica en marzo del año 1992 en su I Congreso Nacional en su programa explícitamente dicen:…´ Quedara prohibido bajo pena de duras sanciones legales todo tipo de discriminación racial, sexual o de credo. Todos los ciudadanos serán realmente iguales ante la ley.´ Los involucrados no fueron “sancionados” por ser homosexuales.”

Es decir se apela a un argumento que es muy conocido, el de conectar a la “homosexualidad” con un conjunto de conductas sociales que se califican impropias, frente a las cuales se hace necesario implementar políticas de “profilaxis social”; coincidentemente dichos argumentos fueron repetidos por el Alcalde de Lima (de tendencia derechista), para justificar los atropellos del Serenazgo Municipal y la Policía, contra los asistentes a la discoteca gay “Achakes”; la cual justamente era frecuentada mayoritariamente por travestis y gays de los sectores pobres de Lima (18/06/04). Pero regresando al texto que relata los hechos de 1989, encontramos que citando al semanario “Cambio”, justifica los asesinatos considerando que los mismos eran la única salida frente al supuesto daño que las víctimas generaban en el conjunto de la población:

“Fue una política de profilaxis social como reseña el semanario ´Cambio´ y del cual discrepo, sino reconocemos que todas esta lacras son producto del injusto sistema imperante pero no por ello tenemos que permanecer pasivos o convivir impunemente con el crimen.”

En realidad pese a que el texto tiene como finalidad central afirmar que la orientación sexual no fue el móvil de los asesinatos; sin embargo en el propio texto vamos encontrando un conjunto de argumentos que en distintos contextos son usados para justificar la violencia contra la población homosexual y los cuales tienen que ver con mandatos sociales muy fuertes, porque en ellos reside la posibilidad de control social. El odio, la violencia y la discriminación; no son gratuitas, tienen una finalidad ordenadora necesaria para el ejercicio del poder, ya sea este por un grupo armado irregular (el MRTA o Sendero Luminoso) o por el poder institucionalizado (el Alcalde de Lima o los Congresistas). Es por ello que es muy probable que efectivamente los asesinatos fueran aplaudidos por un importante sector de la población, ya que justamente en la internalización del rechazo a lo diferente, residen las posibilidades de clasificar, ordenar y controlar.

IV. LA UTILIDAD DE HACER MEMORIA:

Estos hechos no fueron los únicos, sin embargo su relevancia está en que se convierten en unos de los pocos crímenes de homofobia registrados en un documento oficial, como es el Informe de la Comisión de la Verdad. Como hemos apuntado anteriormente hay muchos casos similares poco investigados, que es necesario recuperar para la memoria colectiva, ya que debemos tener en cuenta que en muchos casos en medio de la irracional violencia afloraron los impulsos más primarios de las personas, entre ellos el odio hacia la personas homosexuales, los discursos de la guerra en este sentido buscaron disciplinar las conductas de las personas e incluso los propios cuerpos. Recordar los horrores de los años de la violencia política entonces tiene una finalidad reconciliadora porque permite que nuestra sociedad sea consciente de sus propios odios e irracionalidades, los cuales nos hablan de la urgencia de políticas públicas que busquen erradicar todo tipo de discriminación, exclusión o estigmatización. Solamente afrontando a nuestros fantasmas podremos mirar al futuro con la esperanza de construir una sociedad radicalmente democrática. En este sentido una manera de ir generando conciencia colectiva tanto en la comunidad LGTB como en la sociedad en general es mediante gestos simbólicos; la propia Comisión de la Verdad propuso que debieran existir gestos simbólicos de reparación a las comunidades afectadas por la violencia; en este sentido es importante promover un día de la “Memoria colectiva de los crímenes de odio”, la fecha propuesta sería el 31 de mayo, fecha en la cual el MRTA perpetró el asesinato colectivo antes descrito. Si bien es cierto este no fue el único caso pero sin embargo es el más conocido, la fecha no solamente tendría una finalidad de reparación simbólica, sino también buscaría generar conciencia colectiva sobre la necesidad de promover acciones que prevengan los crímenes de odio, en especial porque desgraciadamente, los mismos siguen ocurriendo.

El 12 de marzo del 2012, el blog Cartas Desde Urano (seguir este link) se concentra en la violencia de SL mediante su post “Sendero Luminoso y las Diversidades Genéricas y Sexuales”:

1. Camarada “Artemio” detenido.

Tras la captura del terrorista apodado “Artemio”, pensé en escribir un artículo sobre “Sendero Luminoso” y la población homosexual y transgénero (cuando ya había decidido, también, volver con mi blog). Y dado que este tema ya fue tocado en algunas entrevistas previas, tratare de no ser redundante.

Hacia 1980, la organización terrorista Sendero Luminoso (en adelante SL) inicio en el Perú un cruento conflicto armado. Dicha organización buscaba, a través de la violencia, destruir el estado y la sociedad peruana, a los que tipificaba, despectivamente, de régimen feudo burgués y capitalista.

En este violento conflicto interno (el más sangriento de la historia peruana), SL cometió gravísimos crímenes de lesa humanidad (entre los que se cuentan al menos 216 masacres). Su repudiable accionar dejó varios millares de muertos (se estima una cifra que va de entre 24 a 38 mil muertos).

Ningún sector de la sociedad peruana dejó de verse afectado por el accionar de SL, que, de paso, se ensaño, sanguinariamente, con los grupos más vulnerables de la población (de lejos, el mayor número de víctimas se cuenta entre la gente más pobre del país).

Uno de esos sectores poblacionales afectados es, sin dudarlo, el de las diversidades genéricas y sexuales (específicamente las personas homosexuales [lesbianas y gueis] y transgéneros [como travestis, transexuales, etc.]), a quienes SL victimó impunemente.

Partiendo de que el prejuicio anti homosexual y anti transgénero (en adelante homofobia y transfobia) es “tradicional” en las sociedades latinoamericanas, se encuentra que SL, aunque pretendió romper con el orden político, social y económico peruano, no se libro de esta inveterada tara cultural.

En consecuencia, SL asumió como válida y legítima su homofobia y transfobia, algo que, además, refrendaron, “ideológicamente”, con los discursos homofóbicos y transfóbicos de los regímenes totalitarios de Stalin y Mao.

Cabe aclarar que esta visión homofóbica y transfóbica no es consustancial al socialismo o al comunismo. La crítica materialista de los movimientos feminista y lésbico guei en los años 70 así lo demuestra. Por su parte, la revolución bolchevique de 1917, implantó, en suelo ruso, libertades y derechos sexuales sin parangón hasta ese entonces (emancipación sexual de la mujer, la integración social de personas homosexuales, etc.).

La influencia que sobre SL tuvieron Stalin y Mao es patente. De Stalin tomaron planteamientos como el de la simplificación del marxismo, la tesis del partido único, el culto a la personalidad, etcétera, mientras que de Mao tomaron la noción de la inevitabilidad de la violencia para lograr la revolución, la posibilidad de pasar por encima de las estructuras partidarias y entregar todo el poder a la jefatura (lo que luego devendría en la dictadura omnímoda del líder), etc.

Contradictoriamente, Stalin y Mao tomaron su homofobia y transfobia de la moral burguesa capitalista (que, de paso, se remita a la moral cristiana de indiscutible talante sexofóbico). Es decir, que asumieron, inconscientemente, los prejuicios morales de un orden social al que se oponían sin cortapisas. Ellos habrían tomado tales prejuicios de sus contactos con la cultura occidental. En consecuencia, ni Stalin ni Mao supieron reconocer, en su pensamiento y en su accionar, la sujeción que tenían ante la moralidad burguesa y capitalista.

 

2. Bandera de Sendero Luminoso.

Tanto Stalin como Mao asumieron, en gran medida, las disposiciones genéricas y sexuales de occidente, como la satanización de las diversidades genéricas y sexuales y la feminización del sujeto guei. Inclusive persiguieron y sancionaron la homosexualidad (irónicamente Stalin la consideraba un “vicio burgués” y Mao una “perversión capitalista”, cuando, en realidad, la homofobia y la transfobia eran los verdaderos vicios y perversiones burgueso capitalistas).

Como dato curioso, las tradiciones rusa y china iban en otra dirección. Así, el cristianismo ortodoxo ruso era menos hostil al homoerótismo y a la transgeneridad que los cristianismos occidentales, mientras el sincretismo religioso chino toleraba más las diversidades genéricas y sexuales.

Por lo tanto, la justificación estalinista y maoísta de SL, para su repudio de la homosexualidad y la transgeneridad, no fue más que la reedición de unos prejuicios, que eran muy propios del orden social al cual repudiaban. A tenor de tales prejuicios, SL violento y asesino, inmisericordemente, a innumerables personas homosexuales y transgéneros. Sus métodos fueron extremadamente crueles e incluían el secuestro, la burla, la humillación, el trasquilado, la tortura, la mutilación genital e, invariablemente, el homicidio.

El numero de víctimas homosexuales y transgéneros resulta difícil de cuantificar, aunque tomando en cuenta diversas informaciones (incluyendo las aportadas por la Comisión de la Verdad y de la Reconciliación [CVR], comisión que se encargó de elaborar un informe, sobre la violencia desatada durante el conflicto interno), se puede estimar que la cifra de personas homosexuales y transgéneros asesinadas estaría entre los varios centerares y más de un millar.

La organización MHOL (Movimiento Homosexual de Lima), una de las organizaciones lésbicas, gueis, bisexuales y/o trans del Perú, estima que medio millar de personas, entre gueis y trans, fueran asesinadas, ya sea por SL o el MRTA (el “movimiento revolucionario Túpac Amaru”, organización terrorista que también participó en el conflicto interno peruano). Sin embargo, el cálculo resulta conservador, no solo por la imprecisión existente sobre los componentes y la cuantía de las poblaciones victimadas (la CVR no cuenta con datos precisos sobre estas poblaciones victimadas en el conflicto) y, sobre todo, por la omisión, en el estimado, de mujeres lesbianas.

Lamentablemente, a la fecha, la muerte de mujeres lesbianas es solo una presunción, aunque bastante factible. Por ello, resulta poco creíble que SL, no haya encontrado siquiera una lesbiana en su camino (tampoco en el holocausto genocida de la segunda guerra mundial se recogieron datos sobre mujeres lesbianas y tuvieron que pasar varios años antes de reconocer sus muertes).

La poca información que se tiene sobre los asesinatos de gueis y trans durante el conflicto interno, son el resultado de testimonios indirectos y de declaraciones familiares (recién el camarada “Artemio” ha confesado su participación en estos crímenes).

De por sí, la falta de información precisa sobre la conformación y la cuantía de las poblaciones asesinadas durante el conflicto es funesta y preocupante, situación que se agrava con la invisibilización de las poblaciones lésbica, guei y trans (claro resultado de la homofobia y la transfobia social). Negar la existencia de diversidades genéricas y sexuales, omitir su presencia, suprimir su recordación, ha sido moneda corriente en las sociedades latinoamericanas. Por ello, ni al estado peruano le intereso contar estas muertes, ni a SL reivindicarlas. No es de extrañar, entonces, que SL omita a las mujeres lesbianas en sus “cuentas”. Lo peor es que ello se ha extendido a todos los ámbitos (al de los medios, la misma CVR, ¡las agrupaciones LGBT’s!, etc.).

No se pueden negar tajantemente estas muertes, bajo el supuesto que no hay datos o fuentes. Probablemente SL haya asesinado a las mujeres lesbianas que “encontraba”, pero no solo eso, si se toma en cuenta que SL repite el patrón de los crímenes de odio, contra personas homosexuales y transgéneros, habidos en el Perú (como en el del caso de la mutilación de penes, que se aplicaba y aplica a varones gueis y a mujeres trans, como supuesto “escarmiento” por renunciar a su “hombría”), no resulta imposible asumir, que a las mujeres lesbianas que se “reconocía”, antes de ejecutarlas, las hayan violado (la llamada “violación correctiva o curativa”), con el supuesto fin de “volverlas mujeres” (la CVR reportó que la violación sexual no fue ajena al accionar de SL y señala, además, que a esta organización y al MRTA, se le deben el 11 % del total de dichos crímenes, perpetrados durante el conflicto interno peruano).

3. Mujeres Lebianas en Lima.

Finalmente, las muertes de personas lesbianas, gueis y trans durante el conflicto interno peruano deben ser tomadas en cuenta, no solo en los informes sobre esta lucha fratricida y genocida, sino, también, en la historia oficial del Perú. Más aún, el estado peruano tiene el deber moral de implementar políticas públicas, destinadas no solo a conceder reparaciones (aunque sea simbólicas) sino, también, a evitar que estos terribles y deplorables sucesos se repitan.

A propósito, el 28 de febrero del 2012, a raiz de la captura del llamado “Camarada Artemio”, líder de SL, se difundió en los medios notas como la siguiente:

Cabecilla Terrorista Recién Capturado Reconoce Haber Asesinado a “Delincuentes Comunes y Homosexuales”

El cabecilla senderista Florindo Eleuterio Flores, también conocido como “camarada Artemio”, ha admitido con absoluta frialdad ser responsable de la muerte de 56 militares, 43 policías y 32 civiles, entre ellos personas homosexuales. Así figura en la lectura que hizo el fiscal de su caso, Marcos Guzmán, sobre el contenido de los atestados policiales en su contra referidos a atentados cometidos entre 1989 y 2011.

Artemio consideró las muertes como “hechos de guerra”. Interrogado sobre por qué ordenó entonces matar a civiles, Artemio respondió que “no eran simples civiles. Hablamos de soplones, colaboradores de las fuerzas del orden, traidores al partido (Sendero Luminoso), delincuentes que extorsionaban a la gente tomando el nombre de nuestra organización, delincuentes comunes y homosexuales“.

El discurso de estas bandas demenciales no ha cambiado. Declaraciones como esta no hacen si no confirmar que la agresión y violencia de SL efectivamente tuvo y tiene como uno de sus objetivos el asesinato y exterminación de personas LGBT.

Recordemos y no perdonemos para que esta barbarie no vuelva a repetirse.

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